miércoles, febrero 04, 2009

ERIK SATIE: CICLO LOS COMPOSITORES DESDE EL ALMA Y CORAZON DEL OYENTE. ESCRIBE MARTINE. DESCARGA DE DISCO COMPLETO

“¡ME LLAMO ERIK SATIE, COMO TODO EL MUNDO!”
por Martine


"Todo el mundo les dirá que no soy un músico. Es verdad, desde el principio de mi carrera me clasifiqué enseguida entre los fonometrógrafos. Mis trabajos son pura fotométrica… La reflexión científica es lo que domina.” Así se auto retrata Erik Satie en sus Memorias.
Compositor de músicas para no oírlas (Musique pour l’ameublement), músicas para verlas, autor de textos para no leerlos (Horas Seculares e Instantáneas), Erik Satie, descripto por Debussy como “un músico medieval y dulce perdido en este siglo”, cultivó a lo largo de su vida la paradoja. Desde la taberna “El Gato Negro” en Montmartre (ver ensayo AQUI) hasta manifestaciones Dadaístas, es el más atípico de los músicos y promotor de la música contemporánea. Escribió cerca de cien piezas por piano con títulos excéntricos repletos de una ironía que le calzaba como otra piel. Entre las más conocidas: Ogives (1886), Trois Gimnopedies (1888) la 1era y 3era orquestadas por Debussy en 1896, Trois Gnossiennes (1890-1897) 3era orquestada por Poulenc en 1939, Trois Morceaux en forme de poire (1903), Véritables Préludes flasques pour un chien (1911), la obra a la vez la más corta y la más larga: Vexations, la composición de ballets: Parade, Mercure, Relâche, la primera música del cine, foto por foto, cuando las peliculas eran todavía silenciosas, un “drama sinfónico”, Sócrates, y una comedia lirica, Le Piège de Meduse, escritos y aforismos contundentes: Memorias de un Amnésico (1953), Cuadernos de un Mamífero (1951), Observaciones de un imbécil (Moi)… así como su casi completa correspondencia agrupando 1165 de sus cartas con Debussy, Picasso, Cocteau, Tzara, pero también cartas abiertas y epístolas perentorias y amenazadoras, mensajes de publicidad y cartas de amor (sin enviarlas), Erik Satie, solitario empedernido, parece haber explotado todos los recursos de comunicación con sus semejantes…
El conocimiento del personaje, su carácter, vivencia y anécdotas es particularmente necesario para entender y, a lo mejor apreciar, sus desconcertantes creaciones. Alfred Eric Leslie Satie nace a Honfleur (Francia) en 1866 de padre francés y madre escocesa. En 1870: su padre consigue un empleo de traductor en Paris y la familia se muda. Cuando se muere su madre tiene siete años y es enviado de regreso a Honfleur en casa de sus abuelos paternales. En su nuevo hogar aprende a tocar el órgano. Unos años más tarde se muere su abuela y retorna a París a vivir con su padre. Este se volvió a casar con una profesora de piano y es con su madrastra que Erik aprende las bases del instrumento para entrar al Conservatoire de Paris en 1879.


Tildado de “sin talento” por sus profesores después de más de dos años de clases, sale del Conservatoire para volver a entrar en 1885 sin más éxito. Se alista entonces en un regimiento de infantería. A las pocas semanas se da cuenta que el uniforme no es su vía, y hace todo para que lo juzguen no apto. En 1887 se instala en el barrio de Montmartre donde encuentra y se liga de amistad con Stéphane Mallarmé, Paul Verlaine et Patrice Contamine. Su padre edita sus primeras composiciones.
Más tarde (1890) traba amistad con Debussy y en 1891 los dos entran en la “Orden Cabalística de la Rosa Cruz”. Como maestro de capilla Erik Satie compone varias obras entre las cuales les Trois Préludes du Fils des Étoiles. Se dirá que esta obra ha sido fuente de inspiración para el Pelléas de Claude Debussy. Perseguido por un entusiasmo místico, crea su propia iglesia: la “Iglesia Metropolitana de Arte de Jesús-Conductor”. En su sacerdocio sus funciones se cumulan: ¡Es al mismo tiempo tesorero, gran sacerdote y único fiel! Renuncia entonces a su proyecto.
En 1893 encuentra y se enamora de la pintora Suzanne Valadon. Compone para ella sus Danses Gothiques. Siente por ella una pasión exacerbada pero a los seis meses la relación termina brutalmente. Esta ruptura hace el objeto de una composición (la más corta de todas) que se asemeja a un auto-castigo: Vexations, la cual según las notas del compositor debe repetirse 840 veces (unas veinte horas en total). En su vida no se le conoce ninguna otra relación intima. Este mismo año conoce a Maurice Ravel. París lo conoce con el apodo de “le Monsieur de Velours” (el Caballero de terciopelo). En efecto había comprado un modelo de traje de terciopelo color mostaza en siete idénticos ejemplares. Llevaba el mismo hasta el último punto de desgaste antes de empezar a usar otro, idéntico. Después de su muerte se consiguieron todavía en su armario trajes sin estrenar.
Poco a poco la pequeña herencia que había recibido se acaba y debe mudarse a Arcueil, localidad a unos 10 Kms en los afueras de París, donde vive en un cuarto tan minúsculo que lo llama el “placard” (armario). De madrugada y de noche recorre el camino a pie porque los tranvías le parecen insufribles. En 1895, compone su Misa para los Pobres y comienza su serie de piezas musicales cortas, muy satíricas y con títulos provocadores, entre otras: Pièces froides, Aperçus desagréables, Embryons désséchés, etc. Estas piezas fueron agrupadas en un libro con ilustraciones según el encargo de un editor. De este trabajo Satie comenta: “He puesto aquí todo lo que yo sé sobre el aburrimiento. Dedico esta coral a quienes no me quieren.”
A pesar de los consejos de Debussy, a los 39 años Erik Satie entra a la Schola Cantorum de Vincent d’Indy para estudiar el contrapunto y la orquestación con Albert Roussel pero sigue rechazando lo académico y la música de su época, siempre en busca de innovaciones. Indaga en el “arte de los ruidos” e integra a la orquesta instrumentos inéditos (máquinas de escribir, sirenas, disparos, etc.) con el fin de conseguir nuevas sonoridades. Con Georges Auric, Louis Durey, Arthur Honneger y Germaine Tailleferre y más tarde Francis Poulenc y Darius Milhaud, Satie forma el grupo de “Les Six” del cual se retira en 1918 sin más explicaciones. El grupo de jóvenes músicos deseaba reaccionar contra el Impresionismo y el wagnerismo. Acepta componer la música para el ballet realista Parade en 1917, libreto de Jean Cocteau, decorado de Picasso e interpretado por les Ballets Russes. El triste resultado es un escándalo y poco falta para que lo pongan preso, no por su partitura, sino por decir de un crítico que era un “culo sin música”.
Un año más tarde, en 1918, de repente Satie cambia estilo y genero con su obra Sócrates, una especie de “drama sinfónico” para voces y orquesta sobre textos de Platón, de una austeridad extrema. En los años 20’ colabora para el ballet Relâche y enfrenta, una vez más, las fuertes críticas del público. Se muere en 1925 con el hígado destrozado por el alcohol dejando la imagen de un músico bromista y marginal. Fue músico de la sobriedad y de la economía, músico del aburrimiento que él consideraba de buen gusto.
Algunos hicieron de él un genio y otros lo despotricaron con vehemencia. Para mí Erik Satie no deja de ser un personaje ligado a Francia y a París en particular. No puedo desvincular su arte “familiar” de su época, tan especial – la Bohemia, La Belle Epoque, el cambio de siglo y Les Années Folles -. Por ser innovador, sin lugar a duda, y gran caminante, ya lo vimos, hizo que piezas como Parade, Mercure y Relâche reflejen el sonido, la música, del París alocado, del París juguetón, de París en efervescencia que el compositor experimentó en sus largas y solitarias caminatas, así como, ya alejadas del bullicio y la confusión, las Gimnopédies, llenas de tranquila melancolía, se parecen a un paseo otoñal al borde del Sena.
Pero si bien inventó, eso no hace de él un creador. Jamás Erik Satie se elevó a la verdadera grandeza. En todo quedó estrecho, pequeño y hasta mezquino. Siempre detenido antes de la culminación de sus innovaciones técnicas, quedó preso de los estrechos límites de una mente puntillosa, curiosa de lo diminuto, cuyo espíritu nunca desbordó los medios de su arte.
Genio de poco aliento, de todos modos Erik Satie ha contribuido a orientar la música hacía nuevas vías. Redescubierto en las décadas de los 50’ y 60’, llegaron los homenajes. Hoy lo conocemos como el padre del “New Age” y del “hilo musical”, sin pensarlo nos tropezamos con él y su legado en todo lugar y en todo momento.
Martine

**********


Y ahora un disco completo de excepcional factura a cargo del pianista Yitkin Seow con las siguientes obras de Satie:

Trois Gymnopédies
Six Gnossiennes
Embryons desséchés
Croquis et agaceries d'un gros bonhomme en bois
Sports et divertissements
Heures séculaires et instantanées
Les trois valse distinguées
Sonatine bureaucratique
Five nocturnes

Valioso aporte de Fernando G. Toledo de quien podés también leer su excelente ensayo sobre Erik Satie AQUI.
Bajalo, con tapas y book desde AQUI.
Anteriores artículos del ciclo:

9 comentarios:

olaguer dijo...

Grata sorpresa este artículo,muy informativo,sobre un músico poco fecuentado,enigmático y excéntrico,creo que se burlaba,como Offenbach, de la sociedad y el mundo musical que le tocó vivir,aunque no cuente con gran popularidad,quien ha oído (por ej.) sus gimnopedies,no lo puede olvidar.Gracias.-

Veglio dijo...

Las gnosiennes son de esas bellezas que te hacen pensar si con tan pocas notas es posible realizar música así de hermosa.
Gracias Martine por regalarnos en este artículo el recuerdo de Satie.
V. C.

Fernando G. Toledo dijo...

Satie ha sido un músico que me ha acompañado por años. Ya en mi artículo anterior consignaba sus piezas más populares, las mencionadas Gymnopédies y mis amadas Gnossienes como esas melodías que figuran entre las más hermosas jamás creadas.
Pero Satie no sólo dio esas muestras de su tan particular y, al mismo tiempo, escuálido talento. Avanzó más allá y por su mismo carácter rebelde y antiacadémico, consiguió renovar y ser admirado hasta la devoción por algunos de los grandes (a menos que alguien se niegue a considerar como un grande a Debussy).
Creo que algunos datos importantes han faltado mencionar en la igualmente muy completa y a la vez concentrada nota de Martine. Por ejemplo, el enorme aprendizaje musical y la inspiración que obtuvo Satie de su trabajo como pianista de cabaret. O lo que llamé en mi artículo sus «acordes inmóviles», un aporte que exprimirían desde los serialistas hasta los new age (con perdón de la asquerosa palabra).
Por otra parte, y si bien está mencionado, creo que algo fundamental es el inagotable humor poético de Satie, expresado en los títulos de sus obras, pero también en pseudo dramas como La piége de Méduse.
Finalmente, creo que habría que subrayar que lo más alto y más completo musicalmente que ofreció Satie fueron sus ballets, y en especial Parade, equiparable por lo revolucionario con uno posterior: La consagración de la primavera.
En fin, Satie, sin ser una figura enorme, sí es uno de mis músicos más amados.
Salud, gimnopedista.

Martine dijo...

Olaguer y Veglio: Gracias por sus comentarios. El personaje de Satie es todo un poema "aburrídismo", hubiese dicho el compositor. Ciertas piezas tienen mucha musicalidad y son pegajosas. Por ser yo francesa las gimnopedies no dejan de evocarme ciertos paísajes muy parisinos.
En el fondo, a pesar de (o por causa) una catarata de piezas musicales, escritos, anécdotas, etc, quedamos despistados... ¿Quién fue realmente Satie?
Un abrazo para ambos.
Quiero decir uno para cada uno: ergo son dos abrazos....

elcuervolopez dijo...

Martine, lectores, Fernando: preparen los platos y vasos... apunten al cuervo...
Bien... a mí Satie me parece insufriblemente aburrido. Me provoca sueño y hace dormir. Su música es bonitilla, tonal, simpaticona, pero carente de interés para mí. Y coincido con algunos músicos amigos personales míos: es la protomúsica que luego fue y es el minimalismo. Pura monotonía y rutina. Y ya me está dando sueño..zzzz.zzzzz...

Martine dijo...

Fernando: leyendo el ensayo antes de enviarlo a Cuervo, pensé: “¡Fernandito, me comerá crudita!”. Por supuesto, que hay piezas que me conmueven, no lo niego, pero, por otra parte, y me perdonarás la comparación, la música de Satie es como un aperitivo, siempre me quedo esperando el almuerzo.
Después del excelente ensayo que nos había regalado, quise ponerle más énfasis al hombre, que tantos epítetos ha recibido sin nunca llegar a clasificarlo. Te diré una cosa, es lo que más me gusta de él: ¡Un ser bizarro, totalmente “inarchivable”!
Aprovecho Fernando para agradecer tu dedicación, generosidad y aportes a este lugar. ¡Digno cómplice de nuestro ilustro Cuervo!
Un abrazo

Martine dijo...

¡Lectores, no rompan toda la vajilla! Quien lava los platos soy yo y me encanta mi trabajito! Mmmmm...

olaguer dijo...

Martine; gracias por el abrazo que me toca.
Con mis respetos, un saludo afectuoso.- Olaguer

moro dijo...

ayer vi la pelicula "Paris", tiene musica de satie, alguno me puede decir el nombre del tema que suena. gracias
eduardo

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