miércoles, noviembre 19, 2008

LE CHAT NOIR -EL GATO NEGRO-. UNA CRONICA PARISINA, POR MARTINE

EL GATO NEGRO. CRONICA PARISINA
por Martine

El célebre cabaret parisiense “Le Chat Noir” abrió sus puertas en febrero de 1881 al No 8 del Bulevar Rochechouart, en el local de una antigua oficina del telégrafo acomodada al estilo Luis XIII – mesas y bancos de roble, vidrios de colores, hierro forjado y cobre rojo, las jarras no eran de oro sino de estaño. Mientras los arreglos para la apertura del local que aun no tenía nombre, Salis encontró una mañana un gato negro frente a la puerta, de aquí el nombre del lugar que hizo correr el Paris de la Bohemia y de los hedonistas. Por consecuencia se creó en el mismo tiempo el Montmartre humorista y de la canción satírica, quitándole al Quartier Latín (barrio latín) supremacía y monopolio que remontaban a François Villon.

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Su fundador, Rodolphe Salis, había llegado de la provincia con la idea de hacerse famoso con sus pinturas. De brochazos en brochazos sobre lienzos invendibles e invendidos, este pintor fracasado tuvo la idea de abrir un cabaret. En pocas semanas se volvió el anfitrión más popular y temido del todo París. Aristócratas, parranderos, medio-mundanas y tenores de la política llegaban para encanallarse, hacerse tutear e injuriar por Salis.
Los espectadores están por las nubes. ¿No vinieron para oler y rozarse con la raza de los “artistas”? se dice que cuando la sala se volvía demasiado bullosa, Salis se montaba al escenario y gritaba: “¡Chusma, cállate!”. Jean-Paul Lacroix cuenta que cierta noche el Príncipe de Gales mismo quiso conocer ese Gato Negro del cual sus amigos del Maxim’s le habían tanto hablado.
Llegó, rodeado por numeroso séquito… Al verlo, Salis se exclamó: ”¡Ja! Miren este gordo, es clavado al Príncipe de Gales”. Al ver el futuro Eduardo VII sobresaltarse, Salis de seguir: “¡Ja! Su Alteza, cuanto honor… ¿Y su mamá cómo se encuentra?”.

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El menú anunciaba “literatura de primera clase, bebidas de primera calidad”. Antes que todo, obvio, se proponía absenta a la clientela. Los mesoneros estaban vestidos de académicos y el portero, que tenía disfraz de guardia suiza en uniforme de gala con bicornio y bastón con empuñadura de plata, estaba encargado de recibir la mejor clientela, nunca prohibir el paso a pintores y poetas pero “siempre dejar afuera los infamas curas y militares”.
En el fondo del cabaret, una discreta puerta lateral llevaba al “Instituto”, oscuro cuchitril utilizado como camerino y “pensador” para los artistas, los cuales muchas veces terminaban sus poemas en ese lugar. Este mismo rincón se transformaba en comedor todas las noches. Si Salis se olvidaba demasiado a menudo pagar sus artistas, por lo menos no se iban el estomago vacío. “Sopa y res” estaba servido por la mano del anfitrión mismo.
La población autóctona del Bulevar Rochechouart – entiéndase los chulos del barrio – cansados de ver la clientela encopetada invadir su territorio todas las noches, organizó una expedición punitiva. En medio de la pelea, Salis fue acuchillado varias veces y uno de los mesoneros murió. Ante tales argumentos Salis decidió emigrar rápidamente hacía lares más acogedores.
Entonces Le Chat Noir instaló su bulla y risa en una pequeña casa burguesa, No 12 de la calle Laval (hoy en días calle Victor Massé). La mudanza estuvo a la imagen de su dueño: excesiva. En medio de la noche el ruido de una comparsa estalló en el bulevar y un cortejo disfrazado, antorcha en mano, circuló desde el antiguo lugar hasta el nuevo. Salis, con traje bordado y pantalón corto, alzaba una espada. Más de una decena de carretas con todo el mobiliario cerraban el desfile. “¡Alto!” gritó el alto barbudo cuando llegaron calle Laval. Rompió su espada sobre las escaleras y se abalanzó casa adentro. Dicen que el siguiente alba se levantó sobre un campo de batalla cubierto de botellas vacías, académicos y mosqueteros, fraternalmente tendidos y enlazados, roncaban como ángeles…

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La decoración del nuevo Chat Noir tomó un aspecto seudo-histórico bajo los auspicios de Caran d’Ache y Henri Rivière, dos dibujantes que se volverían famosos años más tarde. Siendo un local más grande, las salas estaban separadas. Un joven barbudo tocaba el piano. Nadie sabía que su nombre era Claude Debussy. Poco tiempo después Eric Satie lo ayudaría y reemplazaría; bombín encima de la calvicie, chiva y quevedos – el aspecto de un anciano precoz y pícaro. Vestido con una elegancia meticulosa, de un impecable aseado. Después de su muerte sus amigos, después de forzar la puerta de su microscópica vivienda, tropezaron con miles de cartas y enlatados abiertos que apestaban. Una capa de polvo envejecida por varios años cubría todo. Eric Satie acompañaba con el piano a la cantante Yvette Guilbert, tantas veces retratada por Toulouse Lautrec.
Por su labia y su personalidad fuera de lo común Salis sabía rodearse de jóvenes talentos: círculos literarios, pintores, cantautores, humoristas, poetas establecieron allí sus lugares de encuentros. Le Chat Noir encarnó el espíritu “fin de siglo” y sus múltiples facetas: naturalismo, simbolismo, neo-misticismo, toso eso mezclado con una punta de ironía, embuste y burla.

Martine

10 comentarios:

yo no soy esa que tú te creías dijo...

Pues mira que ese famoso cartel del Gato Negro lo tengo para, junto con dos láminas de Toulouse Lautrec, colgar en una pared de mi nuevo nido, sí, el del geranio (que me dice que te envíe sus saludos)Un beso para ti. angela.

Elgatosierra dijo...

Elgatosierra al aparato
¡Por qué será que todo esto me suena tanto!
Martine, muchas gracias por avivarme el recuerdo.
A propósito, el bonito retrato de mi congénere, que se hizo mundialmente famoso, es de Théophile Alexandre Steinlen.
Salud y paz.
Elgatosierra

yo no soy esa que tú te creías dijo...

Aquí dejo un "bonjour" para gatosierra. angela.

Martine dijo...

Ángela: Seguro que a tu geranio le sentará bien la compañía de este gato: Tendrán mil y unas noches para que el Gato le cuente con nostalgía y humor felino las anécdotas de su antiguo hogar. Un beso cariñoso para tí y otro para El Geranio.

Martine dijo...

¡Gatooo!: Fue al momento de nuestros intercambios sobre tu famoso antepasado que me provocó contar algo más sobre este lugar tan pintoresco. Para ti, Gato, con un abrazo.

Debo decir que quede pasmada por el parecido de tu retrato con él de tu ancestro....

elcuervolopez dijo...

Gato: Eres un truhán seductor, pero yo que tú me andaría con cuidado con Angela... podría dejarte sin las vidas que te restan...

yo no soy esa que tú te creías dijo...

¿Sabíais que a los madrileños de tercera generación se les llaman gatos? O sea, que los abuelos tanto paternos como maternos y, por supuesto, los padres tienen que haber nacido en Madrid. Y yo soy gata gata. Vamos siendo pocos los que quedamos. Es difícil conseguir que los cuatro abuelos más los padres hayan sido todos de la capital. Además es mi animal preferido. Tuve uno que estuvo casi 19 años conmigo. Una gozada cuando te ronroneaba encima.

elcuervolopez dijo...

Angela: Jo! Me cago en la hostia! ¿19 años y encima tuyo? ¡Qué buena vista! ¡Qué Gatirri más feliz!

yo no soy esa que tú te creías dijo...

Bueno, siempre tuve la sospecha de que él me tenía a mi, creo que se fue para el otro barrio creyéndose amo y señor del piso. Vamos que él tenía la deferencia de dejarme pasar cuando yo llegaba del trabajo y permitir que viviera con su señoría Don Siam (Siam de siamés, era un cruce de siamés y gato común). Ya sabes la dignidad que se gastan los gatos que parece que están por encima de todo el resto del mundo.

Elgatosierra dijo...

Elgatosierra al aparato
Estimada amiga Ángela, Madame, recojo su saludo y quedo a sus pies. ¿Y sabe usted por qué se nos llama gatos precisamente, es decir el motivo que originó ese gentilicio tan chulapón? Por otra parte no hay nada mejor que saber, que cualquier persona que viene a este Madrid de mis entretelas ya es de aquí, y a nadie se le pregunta de dónde viene, porque ya ha llegado a su centro de destino para siempre. Se suele decir, “de Madrid al cielo”, por algo será. ¡Ah Madame, y no es que Siam PARECIERA que estaba por encima de todo el resto del mundo!
Estimada amiga Martine, Mademoiselle, cuánto le agradezco la dedicatoria. En las largas noches de invierno, alrededor de las hogueras del fondo de mi callejón, había oído a los clochards historias parecidas a la suya, y siempre eran mis preferidas. Los clochards siempre tienen caricias y golosinas para los gatos vagabundos, y por eso siempre están en mi corazón. En cuanto al retrato, como dos gotas, o gatos, de agua. En relación al tema del agua, este gato, es decir nosotros, es decir yo, soy la excepción que confirma la regla. Beso a usted la mano y también quedo a sus pies.
Cuervo, ya veo que poco a poco nos vamos conociendo. Y no digas esas cosas de nuestra querida amiga Ángela, por favor, podría molestarse si te oyera, y tú como anfitrión del blog tienes la sagrada obligación de la hospitalidad.
Salud y paz.
Elgatosierra

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