lunes, noviembre 17, 2008

EMOCION Y APLAUSOS EN LA MUSICA CONTEMPORANEA. ASYLA, DE THOMAS ADES. CON TAPAS. ESCRIBE FERNANDO G. TOLEDO, COLUMNISTA INVITADO

Hace poco, elcuervolopez nos sorprendía al ofrecernos un atractivo disco con obras de Detlev Glanert, en un post no exento de socarronería. No es nuestro maestro de ceremonias el único «enemigo declarado» de la llamada música contemporánea, eso ya lo sabemos, pero sus argumentos contra la misma, vertidos por ejemplo en la irónica presentación del citado disco, nos permite arremeter contra esas mismas excusas interpuestas para desprestigiar esta vertiente experimental de buena parte del repertorio musical sinfónico del siglo XX y del actual.
En efecto, elcuervo remarcaba con su habitual socarronería la escasa capacidad emocional de las obras adscriptas a esta vertiente, y por supuesto, su patente impotencia para despertar aplausos.
Es tiempo de decir que no concuerdo para nada ni con el desprecio irrestricto a estas obras ni mucho menos con los parámetros utilizados para rechazarlas. Como prueba de mi apertura a estas piezas puedo ofrecer sendos artículos publicados en este blog con mi firma, uno referido a la sinfonía Turangalîla, de Olivier Messiaen, y otro a un CD con piezas de Luigi Nono o Gyorgy Kurtág.
¿Por qué no me parecen en absoluto válidos esos parámetros? Por dos razones, diríase, contrapuestas. La primera razón es que no veo por qué hemos de valorar la calidad o validez de una obra por su mera «capacidad de despertar emociones». Se trata ésta de una variable tan tremendamente subjetiva, que se convierte casi en una sinrazón. Y esto porque así como hay personas que tiemblan de emoción al escuchar, por ejemplo, una canción de Ricardo Arjona, a mí me resulta particularmente vulgar. Del mismo modo, difícilmente conseguiremos que un oyente de Maná, tiemble de pavor con el primer movimiento de la Novena de Mahler, como a mí me pasa. Y esto mismo puede pensarse a la hora de considerar la emotividad de una obra de manera tan tajante: no veo por qué no ciertos tramos de la mencionada Turangalîla no sean capaces de acongojar, de excitar, de vibrar, en suma, de hacer de la escucha una cuestión «de piel».
A mi juicio, no debe ser esta sola capacidad o su ausencia la que nos lleve a juzgar una obra.
No se me ocurriría pedirle «emoción pura» a la obra Autobahn, de Kraftwerk, como no le pediré «objetivismo» o «experimentación sonora» a un vals de Strauss II (h).
La otra razón es más sencilla y tiene que ver con lo anterior: como digo, no soy de remitirme a ese parámetro exclusivo a la hora de juzgar una obra. Pero al mismo tiempo, podemos argumentar ad hominen, y suponer que vamos a dejar que sea ésa la variable. Ya lo habíamos adelantado: sí que hay obras capaces de emocionar. De llenar las salas de conciertos. De despertar aplausos rabiosos.
Tales afirmaciones serían gratuitas si no viniesen acompañadas de una prueba que las confirme.
Y aquí la traigo. Se trata de la obra Asyla, del inglés Thomas Adès. Una obra contemporánea «hecha y derecha», para decirlo también socarronamente. Se trata de una especie de mini sinfonía en cuatro movimientos, regida por los ritmos irregulares, por el uso activo de la percusión, las disonancias y la utilización de instrumentos no convencionales. Entre ellos aparecen un gong que es hundido en un tarro de agua, una bolsa llena de tenedores que son golpeados por una madera o la tapa de un piano que es cerrada abruptamente.
Fuera de esos golpes de efecto, la pieza del joven compositor inglés se permite momentos muy emotivos. Entre ellos, el segundo movimiento, por ejemplo, que en ritmo de adagio explora las capacidades expresivas de los instrumentos de la orquesta (en este caso, nada menos que la Filarmónica de Berlín), para tratarla como pequeños grupos de cámara que van sonando alternadamente. O el tercer movimiento, subtitulado Ecstasio, capaz de intrigar con su sonridad enloquecida.
La versión que aquí se ofrece es la del estreno de esta obra, en 2002, por la Berlin Philharmoniker, dirigida por Sir Simon Rattle, en su concierto de presentación como titular de la célebre agrupación. Se trata de un registro que sólo apareció comercialmente en DVD (en una edición que incluía como pieza central la Sinfonía Nº 5 de Gustav Mahler), y por eso tiene especial valor esta entrega, pues permite oír las pistas sonoras como si estuviéramos sólo ante el disco. Como para no distraernos con las contorsiones de los intérpretes.
Por supuesto, los lectores-oyentes podrán medir por ellos mismos la capacidad emotiva de la pieza y escuchar, además, la ovación que le regala a la interpretación el exigente público berlinés.




Fernando G. Toledo


Ripeo a 320 kpbs, con portadas.
AQUÍ.

15 comentarios:

Anónimo dijo...

Es la primera vez que escribo aquí, aunque venía siguiendo este ----------------- (poner aquí cualquier hipérbole boquiabierta) blog del Cuervo López desde hace un par de meses. Excelente trabajo, con sus más y sus menos, y una prueba reconfortante de que los seres humanos no sólo somos animales carroñeros.

A lo que iba: Fernando, estoy de acuerdo en que hay música que no pretende impresionar mediante las emociones, pero creo que muchas obras vanguardistas se han perdido en el callejón sin salida de la experimentación. Desde que hemos mirado con tanto recelo conceptos como la belleza, la universalidad de las grandes ideas, el método clásico de composición y la necesaria maestría técnica del artista (cf. Ernst Gombrich), dimos al traste con la continuidad artística de Occidente. Hay quienes tienen por genio de la composición a Boulez. A mí no parece tanto, y sí un cultor de feísmo más esnobista (en cambio, Shostakovich me encanta, para rabieta del Cuervo). Puedo equivocarme con Boulez y es una lástima que no podamos aguardar doscientos años a ver si sigue entre los vivos. Casi aseguraría que no. Incluso se ha llegado a afirmar que actualmente todo es arte si se lo presenta como tal (no sé si conocen el caso de ese "artista" centroamericano que dejó morir de hambre a un perro en una bienal... ¡y ganó el primer premio! Y en ciertos foros hubo gente que dijo que lo suyo era arte, aunque le faltaba ética...).

En cuanto a Asyla, he visto el DVD y olvidaste mencionar que el público aplaude casi por compromiso ante la presencia del autor del brazo de Rattle. Los músicos de la orquesta se muestran indiferentes. Cuadro muy distinto al terminar la Quinta de Mahler: sonrisas plenas, entusiasmo, los músicos de la orquesta con la satisfacción en la cara... ¿O son impresiones mías?

Nada de esto, desde luego, sirve para mermar el valor que Asyla pueda tener. A mí me gustan -mejor dicho, encuentro interesantes- algunos pasajes y otros me parecen burdas copias de Stravinsky y Varése. Y en algún movimiento, no recuerdo cuál, hay una isla de compases tonales que por contraste refrescan el oído como un recordatorio de la belleza que se estilaba en otras épocas.

Bueno, para ser mi primera intervención creo que se pasó de extensa.

Un saludo a esta bonita comunidad y mis mejores deseos al Cuervo.

Saludos desde el Perú.
Pedro.

Anónimo dijo...

Ya nadie es quien suponíamos que era.

elcuervolopez dijo...

Pedro: he asistido a centenares de conciertos donde se ponían al principio obras vanguardistas... silbidos, indiferencia... un espanto. Muchas veces me sonreía cuando una obra de estas terminaba y la gente no se daba cuenta y el director se daba la vuelta (SIC) y con la batuta le indicaba al público la conclusión de la obra.
Ver y escuchar el bodrio que hizo Berio con el final de Turandot y pensar en la concordancia con la dulce música de Puccini... la soberbia de estos personajes y los críticos que se pasan por el quinto forro de las pelotas la voluntad del público... pero soy un tonto. Es tan grande el éxito que las disquerías rebosan de ventas y demandas de estas grandes bellezas musicales. El tonto se conforme con un jingle.

Fernando G. Toledo dijo...

Buen comentario, Pedro. Me sirve para aclarar algunas cosas: aborrezco el relativismo, instalado incluso en los gustos musicales, que tiende a considerar a cualquier ruido, música.
No es el caso, por supuesto. A Cuervo le decía en un mensaje privado algo similar a eso de que hay obras que se pierden en la experimentación, y que fuera del aporte puntual que den por fruto, no dejaban el callejón abierto. Pero en muchas ocasiones sí que la ruptura de moldes abrió caminos anchos y fértiles (el ejemplo clásico es La consagración de la primavera). Al Boulez compositor no puedo defenderlo por completo, hay cosas muy buenas y otras olvidables. Pero jamás se me ocurriría dejar de lado algo suyo sólo porque no se rija con los moldes clásicos. Y en este sentido, entonces, obras feas hay incluso entre las «convencionales».
Con respecto a los aplausos en el concierto presente, es evidente que habrá público que aplauda a la orquesta (cómo no aplaudir semejante mole) o al director (que estaba debutando como titular en la ocasión). Pero de seguro que si la obra era una porquería, los silbidos habrían sido lo primero, y más cuando sabemos lo resistido que fue (o es) Rattle dentro y fuera Berlín. Con respecto a las otras observaciones, me parece que cabe recordar que se trata de la première de la pieza, y por tanto el hecho de que esté presente el compositor hace lógico que el director lo invite a subir (de lo contrario, lo común habría sido que Rattle levantase la partitura para que el público la aplaudiera, digamos, por metonimia).
Que la orquesta se muestre poco sonriente tiene que ver con otra cosa, me parece. No ha terminado el concierto y le queda por delante tocar la Quinta. No me animaría a considerar ese aspecto, entonces, para juzgar cuánto les gustó a los músicos la pieza.

CUERVO:
También ese ejemplo me parece intrascendente. Como si esa cosa llamada «el público» tuviera la capacidad única para consagrar o hundir obras sólo por si se le ocurre ir a comprar los discos o no. Un éxito de ventas puede ser una porquería o no, y una obra maestra puede ser popular o no. Parece una obviedad decirlo, pero así es. Y los críticos se equivocan mucho y muchas veces, pero otras tantas valoran cosas que el público ignora, injustamente.

Anónimo dijo...

En orden de respuesta:

Cuervo: Como dije -y creo que Fernando estará de acuerdo- hay muchos oportunistas en esto de la música dizque académica. Pero también es cierto que en algunos países europeos como Austria (lo sé por un amigo que vive allí) esta clase de música tiene un público afecto y nutrido. Lo malo es que hasta ahora nadie me ha explicado los criterios por los cuales algunos experimentos merecen el aplauso y otros el abucheo. ¿Tendrá que ver con la mera originalidad, al estilo del urinario de Duchamp, que vale la primera vez y después es "vil" copia? No he escuchado el final de Turandot por Puccini, pero Berio también hizo cosas interesantes, como las de ese disco de orquestaciones que subiste: allí Brahms ES Brahms, por ejemplo. (No, no hay ironía en estas palabras. ¿Debiera?)

Fernando: ¿No será que la gente acudió a ese concierto más por Mahler que por Adès? Sólo podemos escpecular, así que la "prueba" no es tal. Concuerdo contigo en que a veces el público aprueba basurazos y execra verdaderas obras de arte, pero no creo que los críticos sean precisamente quienes salvan la situación, sino la siguiente generación del público, cuando ha habido tiempo suficiente para asimilar los nuevos códigos. Algo así sucedió con Beethoven y con Mahler. La prueba es fácil: ¿cuántas obras de arte legítimas condenadas por los críticos en su momento han quedado fuera del repertorio y del gusto del público ad eternam? ¿Y cuántos bodrios recomendados por los mismos han sobrevivido? Ojo: por público entiendo la gente mínimamente preparada y también, en cierto sentido, a los intérpretes, estudiosos y compositores; aquí nada tiene que ver la "carne de audímetro" que denuncia Peter Watson.
No pido que toda la música siga los patrones clásicos, pero los vanguardistas parecen haberse establecido en un "País de las maravillas" desquiciado, en el cual todo cambia a gran velocidad y en cualquier dirección, a capricho del genio de turno. A lo mejor los paradigmas del arte son y serán esos, pero para mí un arte que no fructifica en escuela o por lo menos culmina una, es reo de charlatanería.
En cuanto a "La consagración de la primavera", leí por ahí que se la debería considerar más bien una despedida, la última obra (simbólicamente hablando) del gran arco que va de los clásicos al siglo XX.
Lo de las rupturas también es debatible. Suele decirse que la música de J. S. Bach fue olvidada o menospreciada desde la muerte del maestro hasta el reestreno de la "Pasión según San Mateo" por Mendelssohn en 1829. Pero en realidad Bach era estudiado en varios círculos musicales vieneses y berlineses: Mozart y Haydn lo conocían, Beethoven lo estudiaba, los aristócratas poseían bibliotecas enteras con obras de Bach. Beethoven puede parecer ruptural a partir de su sinfonía "Heroica" y mucho más en sus cuartetos últimos, pero un análisis detallado de su obra relega estas apariencias a donde pertenecen: al baúl de la mitografía. Lo mismo puede afirmarse de músicos tan "románticos" en apariencia como Schumann, Chopin y Brahms.
La ruptura real viene con el siglo XX -aunque ya hay indicios en Wagner-, cuando algunos compositores deciden echar por la borda la tradición clásica y partir de cero. El resultado ha sido un puñado de obras muy bellas y un cúmulo de experimentos e híbridos de dudoso valor estético...
Resumiendo: "Asyla" de Adès no me dice gran cosa. Puede ser problema mío, lo admito, pero no volvería a esta pieza en busca de lo que encuentro en otras músicas, desde una canción de Stefano Landi o una sinfonía de Brahms (a propósito de Landi, les recomiendo enardecidamente el disco "Homo fugit velut umbra" -El hombre, fugaz cual sombra- por L'Arpeggiata y Christina Pluhar; ya sé que elcuervolópez no acepta subidas de terceros, pero haría muy bien en conseguir este disco y colgarlo aquí; él será el primer encantado, lo garantizo). Pues bien, si un repertorio que se extiende a lo largo de cuatro siglos me brinda lo que no gran parte de la producción de la última centuria, eso quizá signifique algo.
Celebro que estés en contra del relativismo, Fernando. Los plañidos multiculturalistas están haciendo lo imposible por derribar los logros de la cultura occidental y de la civilización en general con el pretexto de una integración que no tiene por qué renunciar a lo universal.

Saludos.
Pedro

Anónimo dijo...

ERRATA: Quise decir que no había escuchado el final de "Turandot" por Berio.

Pedro.

elcuervolopez dijo...

Pedro (Perú): Gracias por animarte a escribir. Ahora que te largaste... no te detengas. Abrazo fraternal desde Bs. As.

Anónimo dijo...

Fernando, la obra del joven Thomas Adès me parece de las más interesantes de entre los compositores vanguardistas actualmente vigentes, sobre todo su concierto para violín publicado el año pasado, el problema principal con el llamado “vanguardismo”, y esto pasa no solo en música sino también en muchas artes como la pintura y la escultura, no solo radica en la discutida premisa de si la música contemporánea tiene o no un valor transcendental y emocional, el problema radica en que cada día es más difícil saber discernir entre cual es y cual no es, entre que compositor vanguardista es realmente transcendente y cual es un simple bufón de circo. Quiero que sepas que al igual que soy un amante profundo de la música clásica desde que tengo uso de razón ya que mi padre es un adicto a Beethoven y me inició en el arte desde que era un bebé, también en mi vida he escuchado muchas otras cosas, pasando por Kraftwerk grupo al que haces alusión, como por todo el rock progresivo de las diferentes épocas incluso haciendo incursiones profundas en grupos extremos como Opeth, también soy un amante al Jazz, por lo que te puedes imaginas que abierto soy. Yo ya escribí al respecto en los comentarios de primera sinfonía de Kalinnikov dirigida por Jarvi, y lo sigo manteniendo. Te apunto de nuevo mi punto de vista:

(Respecto a la primera de Kalinnikov): Como es posible que en las salas de conciertos de medio mundo se esté ignorando obras como esta en lugar, en mucho de los casos, de simples curiosidades sonoras.
Como he leído ya muchas disputas sobre vanguardismo o no, y como el cuervo hace una aclaratoria de abstenerse vanguardistas, les anticipo que según mi ignorante punto de vista la música tiene valores intrínsicos que la hacen, a pesar de los gustos de cada quien, de un valor u otro. Vamos a ver: es innegable que el David de Miguel Ángel, aunque sea antiguo, aunque ese tipo de arte ya no se practique, aunque como dicen algunos no sea perfectamente proporcionado, cuando uno entra a la galería de Florencia y se lo encuentra de golpe en la sala circular principal, el impacto es grande, para muchos es muy grande, tan es así que han dispuesto sillas a su alrededor para el éxtasis contemplativo, al menos yo me quedé observándolo más de una hora. Sin embargo esto no suele suceder con muchas otras esculturas modernas y vanguardistas, ni siquiera con las copias que hay esparcidas del mismo David en muchos puntos de Florencia. No se puede comparar el legado de Picasso con el de Derain. La excusa de todos ahora es que ciertas obras no se entienden actualmente pero que si se entenderán en el futuro, y dicen: sino mira lo que pasó con Bach, Mozart, Beethoven, Mahler, etc, etc, etc. Les recuerdo que en la época de cada uno de esos compositores nombrados habían cientos de compositores que a su vez hacían cosas supuestamente de vanguardia ¿a cuantos conocemos hoy? de esos cientos solo quedaron cuatro o cinco. Reflexionen sobre este punto a la hora de decir que mengano o perencejo con sus dodecafonías, cacerolazos, sirenas de ambulancias, etc. será entendido dentro de 50, 100 o 1000 años. Hay de todo en la viña del señor y respeto profundamente que cada quien escuche lo que quiera pero a mi juicio no se puede comparar la trascendencia ni la calidad de la música de Bartok con la de Varèse, aunque la de Varèse sea curiosa, arrítmica, hasta interesante (ya Ricardo Chailly ha dicho que será el Brahms del futuro), pero se queda muy pequeña al lado del segundo Concierto para Violín de Bartok. Cuando escuchen la música de estos dos compositores métanse en la cabeza que son del mismo periodo, de la misma época. Incluso la cosa se torna más peliaguda cuando es factible comparar haciendo un desfase de las épocas a Scriabin con Detlev Glanert, a mi señoras y señores me parece más de vanguardia y moderno Scriabin aunque haya muerto hace 90 años y el otro esté componiendo actualmente.

Fernando, pienso que la composición de Glanert dedicada a Mahler es un insulto para un músico tan profundo y cósmico, pero bueno, como ahora cada quien hace lo que quiera y se cree el más moderno del tinglado, personalmente compararía a Glanert con música New Age como Kitaro, porque la verdad es que Enya le queda muy grande.

Saludos,

Rolando moreno López

Fernando G. Toledo dijo...

PEDRO:
Si la gente acudió a ese concierto «más por Mahler que por Adès» (supongo que así fue), no tiene nada que ver con los aplausos, que para el caso podría habérselos guarado para la Sinfonía Nº 5.
Antes de comentar tu comentario, valga la redundancia, me gustaría anotar que, es cierto, Asyla no es el «non plus ultra» de la música contemporánea y mucho menos de la música a secas. Sólo aparece en este post porque es una bonita pieza, así sin más, y porque sirve como respuesta a la idea de que la música contemporánea «no recibe nunca ovaciones» (también podía haber buscado datos sobre el festival de música Wien Modern organizado durante al menos dos años consecutivos por Claudio Abbado, pero era más útil subir esta pieza).
Con respecto a los críticos: vuelo a lo mismo. Hablo de los críticos serios, no los meros «opinadores». Y éstos saben mucho más, por lo general, que la media de eso que se llama «público», así que salvando errores, críticas interesadas o desinterés por la respuesta de la audiencia, muchas veces han servido para rescatar obras que de otro modo habrían sido completamente ignoradas, aun cuando algunos directores insistieran en reponerlas. También pasa lo opuesto, claro: que el público se entusiasme con éxtasis con piezas menores y que, la verdad, no merecendemasiados elogios.
Yo no sé cuánto han perdido el rumbo los vanguardistas, sí sé que está haciéndonos falta un término que resuma mejor la propuesta de la música «contemporánea». Sin embargo, sé que hombres como Messiaen, Britten, Ives, Varese, e incluso Stockhausen, Ligeti, Nono, Glass, etc., tan diversos entre sí, han abierto sendas aún por explorar. Que no es sólo «ruidismo puro», sino algo más. Ahora bien, si fructifica o no en una «escuela" es algo que me tiene sin cuidado. Lo que importa es que sea un paso más y no uno menos hacia la evolución de la música.
En lo demás estoy fundamentalmente de acuerdo.

Fernando G. Toledo dijo...

Escribí lo anterior sin leer el comentario de Rolando, y creo que está muy a tono con el mismo.
Glaner me interesó apenas lo subió El Cuervo, lo escuché sólo una vez y todavía no decido qué me pareció. En verdad me despertó poco interés, quizá sea ya un indicio.

Santián Zargos dijo...

La verdad es que nuestro amigo Cuervo es el mejor facilitador que he conocido jamás. Ha permitido que miles de personas puedan acceder a aquello que desde Chile por lo menos he visto siempre como muy dificil. Me refiero al arte en su máxima expresión.
Por otro lado, creo en la diversidad y en las expresiones heterogéneas del ser humano, en su amplísimo espectro, de tal forma que los comentarios de las personas no hacen más que representar aquello que El Quijote ha dicho a Sancho mientras los perros ladraban a su paso.
De este modo tan peculiar, Cuervo es sin duda un enfermizo de la pluma y de la honesta palabra frente a la diversidad que representamos quienes lo seguimos en el día a día, compartiendo aquello que no es monopolio de nadie: el arte y la cultura.
En fin, creo en la honestidad de nuestro amigo y por eso lo apoyo en sus juicios, valientes y atrevidos en un mundo que trata de silenciar al otro con balas.
Lo de la música seria moderna es para escrbir largo y tendido. sin embargo, alguien dijo una vez que no debemos privarnos del conocimiento porque en sus áras queda sembrada la idea, aquel prodigio que dio frutos tan venerables como Shostakovich y Ligeti.
Quién sabe, si las palabras de Beethoven hoy tengan más sentido que en su propia época: la música debe constreñir -no sé si es la traducción correcta- las tripas. Para eso la hacemos. Para sentir sus palpitaciones. Para sentir nuestra propia y moribunda humanidad.
Creo en la diversidad y por ello la apoyo en todas sus expresiones. La música es sólo una de ellas y si es "informe" como la sinfonía de Ades, será porque la humanidad camina por un sendero áspero y pedregoso. "The long and windding road".

elcuervolopez dijo...

Abrumadoras las descargas a lo largo del Blog de las obras vanguardistas que tanto amás... no sabés, no doy abasto. Pobre Tchaiko, Bach y Mahler... casi no hay bajadas...

Fernando G. Toledo dijo...

CUERVO:
"Abrumadoras las descargas a lo largo del Blog de las obras vanguardistas que tanto amás... no sabés, no doy abasto. Pobre Tchaiko, Bach y Mahler... casi no hay bajadas..."

Lo que son las cosas.
Adès vs. Dvorák (publicados el mismo día).
Al día de hoy:
Dvorák: 69 descargas.
Adès: 75 descargas.

elcuervolopez dijo...

Y sí, yo diría que descanses un poco... a ver qué pasa.

Anónimo dijo...

Fernando, escucha el Concierto para Violín de Adès, es espectacular.

Saludos,

Rolando Moreno López

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