Aleksandr Konstantinovich Glazunov (1865 – 1936) es un compositor ruso bien conocido en este blog de elcuervolopez, a pesar de que no es un compositor “bien tratado” por la historiografía musical aunque ocupara un lugar privilegiado entre la generación del mogucaja kucka (“Grupo de los Cinco”, nombre dado por el influyente crítico de arte Vladimir Stasov) y la generación de Stravinsky (1882-1972), Prokofiev (1891- 1953) y Shostakovich (1906-1975). Quizá esta especie de rechazo se deba a que no fue un compositor totalmente dado a continuar hurgando la “vena nacionalista” rusa, sino que al igual que su profesor y amigo Rimsky-Korsakov (1844-1908), tendió la mano a la música de Occidente, conjugándola con el color local ruso y dedicando gran parte de su esfuerzo a impulsar los estudios musicales en el Conservatorio de San Petesburgo. Otra cuestión de peso es que ya fue considerado un compositor pasado de moda que no estaba al tanto de las vanguardias, algo que le pasará factura en sus últimos años de vida en París (desde 1928 hasta el final de sus días).
Después de estas pequeñas consideraciones sobre la figura de Glazunov, me gustaría mostrarles una de sus últimas obras (concretamente, la penúltima), compuesta en París entre 1933 y 1934. Se trata de su Op. 109, el Concierto para saxofón alto y orquesta de cuerdas en Mi bemol mayor.
Después de estas pequeñas consideraciones sobre la figura de Glazunov, me gustaría mostrarles una de sus últimas obras (concretamente, la penúltima), compuesta en París entre 1933 y 1934. Se trata de su Op. 109, el Concierto para saxofón alto y orquesta de cuerdas en Mi bemol mayor.
Durante su estancia en París, Glazunov pudo conocer de primera mano la irrupción en el ambiente musical de un nuevo instrumento creado a mediados del siglo XIX y que estaba causando sensación: el saxofón. No existen muchos datos, o al menos no son fáciles de encontrar, sobre la sensación que le causó el instrumento, pero a tenor de las impresiones y anotaciones de otros compositores coetáneos debemos creer que el instrumento realmente le gustó dedicándole dos obras: Un cuarteto de saxofones datado de 1932 (sin opus) y el referido Concierto, dedicados respectivamente a dos de las primerísimas figuras de la historia del saxofón: Marcel Mule (1901-2001) y Sigurd Rascher (1907-2001). Gracias a estas dos figuras, y en parte gracias a la composición del Concierto que nos ocupa, surgirían en fechas posteriores algunos de los principales hitos en la historia del repertorio concertante para saxofón como el Concertino da camera (Jacques Ibert, 1935); Ballade (Frank Martin, 1938), así como otras composiciones en las que el saxofón tiene una notable presencia.
Según todo lo anterior, no nos debe llamar la atención de que no exista apenas literatura que trate este Concierto. Lo que existe prácticamente se reduce a la práctica saxofonística, donde casi únicamente este Concierto es conocido (y obviamente, interpretado y apreciado).
El Concierto está escrito para un saxofón alto solista y orquesta de cuerda, donde prácticamente todas las partes instrumentales, en especial la solista, requieren un gran dominio del instrumento, tanto en su aspecto técnico como en su aspecto expresivo, haciendo uso de prácticamente la totalidad del registro instrumental, siempre dentro de un lenguaje romántico tonal en el que no entran recursos de índole vanguardista. Un aspecto llamativo es que está escrito en un único movimiento, quizá herencia de Liszt a quien conoció en Weimar; no obstante sus posibles “movimientos” pueden reconocerse con relativa facilidad. Además, la obra está dotada de una entidad orgánica bastante considerable (algo muy propio del ideario romántico), ya que existen temas y motivos que van apareciendo a lo largo de toda la obra, por lo que casi podríamos hablar de una obra cíclica. Sin dudas, notarán que el elemento eslavófilo apenas puede encontrarse, y sí mucho más una clara tendencia occidentalista.
Sin querer alargarme mucho más, les dejo que juzguen por ustedes mismos esta obra de apenas quince minutos de duración, de grandes exigencias técnicas y expresivas que la colocan como una de las obras indispensable en el repertorio de todo saxofonista profesional.
Sin querer alargarme mucho más, les dejo que juzguen por ustedes mismos esta obra de apenas quince minutos de duración, de grandes exigencias técnicas y expresivas que la colocan como una de las obras indispensable en el repertorio de todo saxofonista profesional.
A continuación el enlace de descarga de el Concierto para Saxofón y Orquesta de Cuerdas, Op. 109, de Glazunov.
Interpreta la Kuentz Chamber Orchestra, dirigida por Paul Kuentz y con Eugene Rousseau como solista.
Bajalo desde AQUI.
Marcelo Gálvez Jiménez
























4 comentarios:
Estimado Marcelo,
No sabes el placer que me has dado.
Escuché este concierto por primera y última vez en una iglesia de Praga. Desde entonces lo he buscado infructuosamente. Nadie lo tenía.
Y como ocurre habitualmente con el objeto del deseo, cuando se escamotea crece.
Cuando leí el post no lo podía creer. Ahí estaba.
Mientras lo bajaba leí tu muy buen comentario.
Gracias Marcelo y por supuesto y como siempre, gracias a ti Cuervo por permitirme este enorme placer.
mara
Estimada Mara,
antes de nada, muchas gracias por sus palabras. Como saxofonista que soy, me veo muchas veces en la obligación de desmontar ciertos mitos sobre este bello instrumento.
Son muchas las veces que carga el saxofón con el lastre de ser tan sólo un instrumento circense, un instrumento de jazz, etc. Lo cual nubla un poco la percepción de un instrumento que no ha tenido la mejor de las suertes historiográficamente hablando. Por tanto, creo que una pequeña y modesta forma de reinvindicar su posición era hablar sobre este fabuloso concierto de un autor que tampoco ha sido bien tratado historiográficamente por ser considerado demasiado conservador.
De todos modos, en honor a la verdad, el posible mérito mío es tan sólo el artículo.
Saludos.
Marcelo: el saxofón merece un mejor y mayor papel a nivel instrumento musical. Desde lo que veo, el Saxofón ha quedado encasillado como instrumento de bohemios e improvisados. Te felicito. Te adelanto que subiré el resto del disco que ilustra tu ensayo.
Evidentemente, no quita que el saxofón pueda tocarse en el jazz ( yo lo disfruto muchísimo, y donde hay grandísimos jazzistas), en el circo (pero no más que otros instrumentos) o como un instrumento dado a la improvisación o la vida bohemia.
Pero es mucho más que eso, ha tenido muy mala suerte en su historia lo que le privó de parte del éxito que en principio se le auguraba, pero hay mucha más música de la que se piensa.
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