domingo, julio 20, 2008

BRUCKNER: SINFONIA Nº 2. TINTNER. CICLO INTEGRAL DE LAS SINFONIAS. ENSAYO. ESCRIBE ERNESTO NOSTHAS, COLUMNISTA INVITADO. REGISTRO PARA DESCARGAR

LA SINFONIA Nº 2, DE ANTON BRUCKNER
por Ernesto Nosthas

Amigos y Amigas, entramos ya con fuerza a la tercera entrega de esta saga, ahora focalizándonos en la Segunda Sinfonía de Bruckner. En la primera entrega, comenté los inicios del maestro, su alineamiento y admiración con Wagner y sus primeros pasos en la música, pasos tardíos, si pensamos que su verdadero desarrollo musical empezó a sus cuarenta años.

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En esta entrega, en la cual me inspiro la tranquilidad de las plazas de la bella ciudad de Puebla, en México, me enmarcaré en uno de los aspectos que más se le critican a Bruckner: sus continuas revisiones directas, indirectas y que terceros han hecho a su monumental obra, o lo que muchos musicólogos han definido como “el problema Bruckner.
A la raíz de ello está el carácter sencillo y humilde del Maestro de San Florián. Los grandes músicos son humanos y en ello muestran en cada uno de ellos, las facetas y pinceladas que definen la personalidad humana, con sus virtudes, defectos y excesos. Al extremo del espectro, encontramos maestros megalómanos, egocéntricos, déspotas y arrogantes, que muchos recuerdan por su crueldad, pero que también respetan su genio y la conciencia que tenían de su talento, lo que los hacía fuertes ante las críticas y los desplantes de su alrededor. Clásicos son los ejemplos de Mozart, Beethoven, Brahms y Mahler. Con características totalmente opuestas, encontramos Maestros con una humildad y sencillez que los hizo vulnerables a su entorno, en muchos casos, con poca estima a su propio talento y sometiéndose a las criticas de terceros. Bach, Franck y Bruckner son un ejemplo de ello.
Cuando uno lee la forma tan sumisa y humilde con que Bach presenta sus Ciclo de Conciertos al Margrave de Brandemburgo, no puede uno entender como tales piezas y su compositor pueden colocarse en un plano tan humilde hacia un fulano al que le dedican una obra maestra, cuyo único mérito fue haber concedido un encargo, como quien ordena en nuestros días un traje a un sastre.
Una famosa anécdota de Bruckner es la que contó en su autobiografía el director Hans Richter. Luego de el último ensayo de la Cuarta Sinfonía, Bruckner llegó al podio visiblemente contento (Richter recuerda que Bruckner de tez blanca por naturaleza, estaba rojo de alegría y con lagrimas en sus ojos), y con mucha alegría, lo felicito efusivamente por la interpretación y le regaló una moneda de oro y le pidió que se comprara una cerveza para que la bebiese en su honor (Richter no regalo la moneda y la pegó al cinto de su reloj, que llevó hasta su muerte).
Lo descrito es un síntoma recurrente y constante cuando se revisa la historia de Bruckner, salen a la luz sus inseguridades y su tremenda dependencia a la aceptación externa, es increíble que un Maestro de su talla hiciese revisiones de sus obras solo para acomodarlas al gusto de los Directores, o incluso ceder ante los tramoyistas de los salones para acomodar o disminuir la integración de un instrumento a la orquesta.
La obra que hoy nos ocupa es un claro ejemplo de ello, no es la obra mas popular del Maestro de San Florián, de hecho es la Sinfonía que en lo personal me gusta menos de todo el ciclo.
De esta obra se tienen 5 versiones distintas. Luego del fiasco personal que hizo que rechazaran su Sinfonía en Re menor de 1869 (ver AQUI), Bruckner quiso responder a las observaciones que Dessoff hizo a la partitura de esta obra, con un planteamiento estructural menos lírico y con mayor claridad estructural, destacando que en esta Sinfonía, Bruckner vuelve a usar la tonalidad en Do menor de la Primera Sinfonía,
La primera versión de esta obra fue completada en 1872, sin embargo, recibió al menos cuatro revisiones en 1873, 1876, 1877 y finalmente en 1892.
Algunas ediciones de la obra reciben la denominación de “La Sinfonía de las Pausas”, dado que, en su intento de establecer una pauta estructural temática mas clara y definida, usa pausas dramáticas al interior de sus partes como silencios dramáticos de toda la orquesta. De todas las versiones, la que más se ha aceptado en los últimos años es la denominada Edición Carragan, en la cual se han respetado casi integralmente la versión original de 1872, sin las modificaciones introducidas posteriormente (cortes, reoquestaciones en especial en la sección de trompeta y cornos – Edición Nowak - e incluso, re-escritura de secciones completas, principalmente en el scherzo – Edicion Haas). La grabación que presentaré a los lectores, usa la versión de William Carragan. En esta edición, el Scherzo pasa a ser el segundo movimiento y el Andante pasa a ser el tercer movimiento de la obra. De entre todas las versiones, esta es por lejos la más extensa en duración (casi diez minutos sobre las ediciones Nowak y Hass).
La obra inicia a partir de un solo de los cellos cuyo tema es retomado en la primera trompeta en Do cinco veces. Esta yuxtaposición de notas da un tono intrigante a la introducción y brinda un germen temático que se retoma varias veces en el primer movimiento, y luego es la base del cuarto movimiento.
Esto da entrada a un segundo tema en la tonalidad del movimiento que es expuesto en las cuerdas, luego de un descenso orquestal se introduce un tercer tema, el cual está basado en la secuencia inicial de notas de la exposición. Esta figura se convierte en la base del desarrollo de todo este movimiento, con una figura inquieta entre los violines y los bronces, en medio de la cual estas cinco notas son recurrentemente re-expuestas entre vigorosos clímax orquestales muy a lo Bruckner, alternando pausas en las que se vuelve a escuchar el primer tema con tonalidades sombrías acompasado entre las violas, los cellos y frecuentes retruécanos de las flautas.
El movimiento siguiente lo inicia con un ritmo danzante las cuerdas, y lo desarrolla animadamente con brillantes intervenciones de los bronces enfatizando un fraseo juguetón y muy animado, posteriormente en su desarrollo es tomado por las maderas en diálogo con los violines.
Luego de esta alegre exposición, la orquesta va disminuyendo hacia una pausa, después de la cual, el segundo tema del movimiento es introducido luego de un breve tremolo de los violines, con un fraseo muy lírico, que recuerda a los últimos lieder de Schubert. Muy a la usanza de Bruckner, es repetida la sección inicial, esta vez con una variación del tema que provoca un dialogo entre la percusión y los bronces retomando el tema inicial.
El tercer movimiento es un Andante muy solemne, pero que dista mucho del poderoso mensaje de los movimientos lentos de las posteriores sinfonías a partir de la Cuarta.
El movimiento final es majestuoso y como mencionamos anteriormente, su desarrollo parte de las primeras cuatro notas expuestas repetitivamente en el primer movimiento las cuales son expuestas por los violines. Posteriormente, una segunda idea temática es expuesta en tutti a partir de los bronces, con un aire marcadamente marchista, casi militar. Alternando dramáticas pausas, luego de este desarrollo, se introduce un tema lírico, nuevamente con raíces schubertianas el cual es alternado con un nuevo tema, el cual es una cita textual al tema principal del Kyrie de la Misa en Fa mayor del mismo Bruckner. Todo este calidoscopio de ideas tiene un desarrollo en alternancias con repetitivas pausas hasta que el tema militar yuxtapuesto con el germen de las primeras notas del primer movimiento, conducen la obra a un clímax final.

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Georg Tintner

La grabación que hoy presento a vuestra consideración, corresponde a uno de los mejores directores de orquesta del que la mayoría ha escuchado poco, me refiero al Maestro Georg Tintner (1917 – 1999). Este director austriaco, huyó de la Alemania nazi con rumbo a Oceanía, en donde desarrollo una intensa carrera con las principales orquestas de Australia y Nueva Zelandia. En su última etapa de vida, trabajó con las principales orquestas canadienses y recibió muchos reconocimientos de su Austria natal, así como en Canadá, Australia y Nueva Zelandia.
Sus grabaciones más reconocidas las hizo con el sello NAXOS y destaca especialmente su ciclo integral de Sinfonías de Bruckner (grabadas entre 1995 – 1998), las cuales fueron grabadas con orquestas poco conocidas, como es el presente caso, con la Orquesta Sinfónica Nacional de Irlanda.
El Maestro Tintner hizo todas sus grabaciones brucknerianas luego de un detallado estudio de las usanzas y recomendaciones del autor a la configuración de la orquesta y al fraseo de los instrumentos. Destaca especialmente el hecho que los segundos violines son colocados a la derecha del director (contrario a la costumbre de colocarlos a la derecha de los primeros violines, casi al centro del director), para lograr el especifico efecto antifonal que Bruckner (y incluso Mahler y Reger) piden para el desarrollo de sus obras.
Le pido encarecidamente al lector no subestimar el relativo poco cartel de la orquesta, el hecho que los discos NAXOS siempre los encuentra en los estantes económicos y los directores no pertenecen al jet set clásico, son grabaciones muy profesionales y en muchos casos, como es el caso de esta maravillosa lectura de Bruckner, referencias obligadas por su calidad interpretativa. Testimonio de ello es la nota que le dedico a esta grabación, la prestigiosa revista inglesa Gramophone Editors Choice en mayo de 1998 “esta lectura realizada por Tintner para el sello NAXOS es una interpretación hermosamente desarrollada, con una gran personalidad y vívidamente grabada, no se equivoquen, la National Symphony Orchestra of Ireland en un ensamble de primer nivel y nos está entregando una interpretación excepcional”.


Ernesto Nosthas

1 comentarios:

Anónimo dijo...

Excelente ensayo, Ernesto. Lo he disfrutado de principio a fin. Estoy de acuerdo en que Tintner es un director bruckneriano de primer orden. Tengo la 3ra. de Bruckner (ed. Nowak 1873) con la Royal Scottish National Orchestra y el austriaco forma la mundial.

En cuanto a lo que apuntaste sobre Eduard Hanslick en tu anterior ensayo sobre el maestro de san Florián, resaltar que fue éste quien más se ensañó con Bruckner. Llegó, incluso, a decir que su música era "como las sobras de un banquete de Wagner". Hay que tener mala leche.

Saludos.

Nacho

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