MUERTE EN VENECIA. UNA GENIAL ALEGORIA SOBRE LA MUERTE, LA CREACION Y LA BELLEZA
por Martine
“La Muerte en Venecia” de Luchino Visconti es uno de las obras maestras del 7mo. Arte.
Una película a la vez luminosa, compleja y sobria... la obra cinematográfica precisa también la voluntad artística de un cineasta quien, enfrentado a la adaptación literaria, sabe referirse pero crear un universo que le es propio.
Es necesario hacer algunas referencias al libro de Thomas Mann para situar mejor la película. Muy joven, éste emprendió la lectura de Schopenhauer lo que fue para él una imponente revelación. A partir de este m
omento aceptó un pesimismo innato que ve cuanto la vida es cruel y el mundo malo, que se embriaga con melodías sobre la muerte y con la fascinación de la nada.
En 1912, produce una novela corta: “La Muerte en Venecia”. El personaje principal es un escritor que se parece mucho a él, de una energía triste, y que descubre la fascinación mortal que puede provocar la belleza física, la misma que Platón ha cantado en versos.
En 1970, Visconti considera el “mundo de hoy feo, tan gris y el mundo por venir, inmundo”. Prepara la adaptación de la novela de Thomas Mann, un escritor del cual no ignora nada y que conoció personalmente 20 años antes. Refiriendo a su novela el escritor le dice: “Nada es ficción… Todo es real” y le explica que “La Muerte en Venecia” es la fiel trascripción de recuerdos personales ocurridos en Venecia misma.
Mientras escribía su novela, Thomas Mann solía seguir a diario los boletines sobre la salud de Gustav Mahler publicados en el periódico. Como ya lo resaltó elcuervolopez, en su introducción, el escritor se inspiró del compositor para forjar el carácter de su personaje hasta darle su nombre: Gustav. Thomas Mann quedó muy impresionado por Mahler a quien había conocido y del cual dijo más tarde: “en él se encarna la voluntad artística, la más severa y la más sagrada de nuestra época”.
¿Por qué Visconti habrá escogido de hacer de Gustav Aschenbach un músico en vez de escritor? Su elección parece obvia por el nexo que existe entre los tres artistas (Mahler-Mann / Mann-Visconti).
¿Qué nos dice esta obra maestra? La historia es en su esencia una historia de muerte. Muerte considerada como una fuerza de seducción e inmortalidad, sobre el deseo de muerte. Nos dice también sobre la ambigüedad del artista, la tragedia que se vuelve el dominio y la maestría de su Arte. Sobre la pasión como desorden y degradación. Sobre el erotismo como aventura a la vez sensual y espiritual.
Desde las primeras escenas nos confrontamos con el “demasiado tarde” con la metáfora del reloj de arena: “Solo un buen rato después uno se da cuenta que la arena ha ido cayendo grano a grano, inexorablemente, hasta colmar el vaso. Entonces ya nada importa. Se ha cumplido el tiempo y no queda un minuto para pensar.”
Aquí el “
demasiado tarde” es para Aschenbach este deseo de meditar que llega cuando el hombre está enfermo, solo y lleva una mirada triste sobre su muerte cercana. Pero este deseo de meditar requiere la espontaneidad que Aschenbach no posee. Requiere de “revelación” y esta revelación toma su verdadera dimensión y todo su sentido en el encuentro del músico con la belleza irreal del joven adolescente polaco. La revelación es Tadzio. Es Tadzio quien le hace tomar consciencia del punto culminante de su error y que su amigo Alfred expresa: “la ¿Belleza nacida, según tú, solamente de tus facultades espirituales?... ¡La Belleza producto de una labor! ¡Qué ilusión! ¡No! ¡La Belleza nace de forma espontánea!”. (Otra referencia a Schopenhauer quien ve en el Arte una de las cimas de la actividad humana, una fuerza que libera al hombre y lo engrandece).
Una película a la vez luminosa, compleja y sobria... la obra cinematográfica precisa también la voluntad artística de un cineasta quien, enfrentado a la adaptación literaria, sabe referirse pero crear un universo que le es propio.
Es necesario hacer algunas referencias al libro de Thomas Mann para situar mejor la película. Muy joven, éste emprendió la lectura de Schopenhauer lo que fue para él una imponente revelación. A partir de este m
omento aceptó un pesimismo innato que ve cuanto la vida es cruel y el mundo malo, que se embriaga con melodías sobre la muerte y con la fascinación de la nada.En 1912, produce una novela corta: “La Muerte en Venecia”. El personaje principal es un escritor que se parece mucho a él, de una energía triste, y que descubre la fascinación mortal que puede provocar la belleza física, la misma que Platón ha cantado en versos.
En 1970, Visconti considera el “mundo de hoy feo, tan gris y el mundo por venir, inmundo”. Prepara la adaptación de la novela de Thomas Mann, un escritor del cual no ignora nada y que conoció personalmente 20 años antes. Refiriendo a su novela el escritor le dice: “Nada es ficción… Todo es real” y le explica que “La Muerte en Venecia” es la fiel trascripción de recuerdos personales ocurridos en Venecia misma.
Mientras escribía su novela, Thomas Mann solía seguir a diario los boletines sobre la salud de Gustav Mahler publicados en el periódico. Como ya lo resaltó elcuervolopez, en su introducción, el escritor se inspiró del compositor para forjar el carácter de su personaje hasta darle su nombre: Gustav. Thomas Mann quedó muy impresionado por Mahler a quien había conocido y del cual dijo más tarde: “en él se encarna la voluntad artística, la más severa y la más sagrada de nuestra época”.
¿Por qué Visconti habrá escogido de hacer de Gustav Aschenbach un músico en vez de escritor? Su elección parece obvia por el nexo que existe entre los tres artistas (Mahler-Mann / Mann-Visconti).
¿Qué nos dice esta obra maestra? La historia es en su esencia una historia de muerte. Muerte considerada como una fuerza de seducción e inmortalidad, sobre el deseo de muerte. Nos dice también sobre la ambigüedad del artista, la tragedia que se vuelve el dominio y la maestría de su Arte. Sobre la pasión como desorden y degradación. Sobre el erotismo como aventura a la vez sensual y espiritual.
Desde las primeras escenas nos confrontamos con el “demasiado tarde” con la metáfora del reloj de arena: “Solo un buen rato después uno se da cuenta que la arena ha ido cayendo grano a grano, inexorablemente, hasta colmar el vaso. Entonces ya nada importa. Se ha cumplido el tiempo y no queda un minuto para pensar.”
Aquí el “
demasiado tarde” es para Aschenbach este deseo de meditar que llega cuando el hombre está enfermo, solo y lleva una mirada triste sobre su muerte cercana. Pero este deseo de meditar requiere la espontaneidad que Aschenbach no posee. Requiere de “revelación” y esta revelación toma su verdadera dimensión y todo su sentido en el encuentro del músico con la belleza irreal del joven adolescente polaco. La revelación es Tadzio. Es Tadzio quien le hace tomar consciencia del punto culminante de su error y que su amigo Alfred expresa: “la ¿Belleza nacida, según tú, solamente de tus facultades espirituales?... ¡La Belleza producto de una labor! ¡Qué ilusión! ¡No! ¡La Belleza nace de forma espontánea!”. (Otra referencia a Schopenhauer quien ve en el Arte una de las cimas de la actividad humana, una fuerza que libera al hombre y lo engrandece). La Belleza pertenece a los sentidos y solamente a ellos.
¿Por qué Tadzio? Primero por su remarcable belleza, pero también porque, único muchacho en una familia de mujeres, atrae la atención. Son por cierto estas mujeres que hicieron de él un efebo deseable: un personaje andrógino. Tadzio queda el motivo del viaje de iniciación de este artista en crisis: un ideal de Belleza, una imagen de la perfección y sobre todo un objeto de deseo inaccesible.
Este deseo se vuelve una obsesión que consume el corazón de Aschenbach, simbolizado por los fuegos ardientes en las calles de Venecia.
La creciente angustia del músico es la impureza de sus sentimientos (limitada por la elevación del espíritu que representa para él la admiración por la “Belleza griega”), es su impotencia, su incapacidad de crear frente a la belleza misma, es el tiempo que pasa, es la muerte.
Dos personajes lunáticos maquillados, puestos bajo la señal de la apariencia, denuncian el carácter impuro y malsano de los pensamientos de Aschenbach. Primero a la llegada del desembarcadero donde un viejo loco ampuloso le ríe en la cara y le anuncia su decadencia. Después en la terraza del hotel donde un músico callejero le canta canciones ligeras y grotescas. “La impureza la más impura, dice Alfred, es la vejez”.
Venecia por cierto esta presentada de una manera curiosamente monótona y apagada. Es una Venecia gris, brumosa, húmeda y sofocante, muy lejos de la Venecia romántica de las tarjetas postales.
¿Por qué Tadzio? Primero por su remarcable belleza, pero también porque, único muchacho en una familia de mujeres, atrae la atención. Son por cierto estas mujeres que hicieron de él un efebo deseable: un personaje andrógino. Tadzio queda el motivo del viaje de iniciación de este artista en crisis: un ideal de Belleza, una imagen de la perfección y sobre todo un objeto de deseo inaccesible.
Este deseo se vuelve una obsesión que consume el corazón de Aschenbach, simbolizado por los fuegos ardientes en las calles de Venecia.
La creciente angustia del músico es la impureza de sus sentimientos (limitada por la elevación del espíritu que representa para él la admiración por la “Belleza griega”), es su impotencia, su incapacidad de crear frente a la belleza misma, es el tiempo que pasa, es la muerte.
Dos personajes lunáticos maquillados, puestos bajo la señal de la apariencia, denuncian el carácter impuro y malsano de los pensamientos de Aschenbach. Primero a la llegada del desembarcadero donde un viejo loco ampuloso le ríe en la cara y le anuncia su decadencia. Después en la terraza del hotel donde un músico callejero le canta canciones ligeras y grotescas. “La impureza la más impura, dice Alfred, es la vejez”.
Venecia por cierto esta presentada de una manera curiosamente monótona y apagada. Es una Venecia gris, brumosa, húmeda y sofocante, muy lejos de la Venecia romántica de las tarjetas postales.
Paradoja: es la fealdad misma de Venecia tal como nos la enseña Visconti que contribuye a darle toda su belleza a la película. 
La muerte, por esta amenaza de cólera, es omnipresente. Contenida de antemano en el título, está esperada. No es una sorpresa. El interés de la película es la lenta agonía de este músico preso de su rigidez y de sus angustias. El deseo por Tadzio se acompaña lógicamente de un deseo de juventud. Aschenbach es demasiado viejo e impuro para pretender amar un joven mancebo. Es este deseo de juventud que lleva el anciano a la decadencia, el mundo de las apariencias tal como vimos los personajes maquillados.

La muerte, por esta amenaza de cólera, es omnipresente. Contenida de antemano en el título, está esperada. No es una sorpresa. El interés de la película es la lenta agonía de este músico preso de su rigidez y de sus angustias. El deseo por Tadzio se acompaña lógicamente de un deseo de juventud. Aschenbach es demasiado viejo e impuro para pretender amar un joven mancebo. Es este deseo de juventud que lleva el anciano a la decadencia, el mundo de las apariencias tal como vimos los personajes maquillados.
A su vez Aschenbach es maquilado. Su rostro se vuelve blanco, sus labios rojos, su cabello teñido de negro. El compositor que deseaba ser bello se vuelve un payaso lívido y patético.
Y es frente a la Belleza que el tiempo no ha alterado que esta figura desoladora se descompone en sudor y encuentra la muerte, mientras el tinte inmundo de su cabello corre en su rostro, señal que la belleza es efímera y la apariencia es nada.
Esta última mirada que tiene Gustav Aschenbach hacia el joven, es el instante de la perfección, el clímax fugaz y a la vez es el alejamiento implacable en el tiempo y la distancia física. “Aquel que ha contemplado la Belleza está condenado a seducirla o a morir…”
Martine





















1 comentarios:
Estimado:
Muerte en Venecia es sin lugar a dudas no sólo una obra maestra de la literatura, sino que una pieza fundamental de la cinematografía. Luchino Visconti, logra capturar, así como en Il Gattopardo, la esencia argumental y simbólica del relato, connviertiendo el texto en una interpretación/trasposición que sorprende gratamente a quien ha leído antes la novela. Muerte en Venecia es un relato complejo de convertir en guión cinemetográfico, es una obra sin diálogos, profunda, muy personal, tremendamente interna, y esto logra ser reflajado con maestría, con sensibilidad; es perturbadora la forma en la que el espectador se va introduciendo sutilmente en esa nebulosa malsana que flota en el embiente, que embota los sentidos.
Thomas Mann explora la fascinación por el efebo, el símbolo de la juventud, el remanente de un clasicismo superviviente del siglo XIX que todavía encandila a este hombre, a este espíritu atormentado que se dirige a Venecia a morir, guiado por su estado emocional, por su decadencia autodestructiva.
Amor y Muerte, Eros y Thanathos encarnados en la figura inalcanzable de Tadrio, el efebo intocable, casi fantasmagórico...
Grandioso que hayas traído a colación esta Gran Obra.
Eduard Reinhardt
eduardreinhardt_205@yahoo.es
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