MUERTE EN VENECIA: UNA POESIA DEL CAMINO HACIA LA BELLEZA DESDE LA DECADENCIA DE SU ENTORNO
por Ernesto Nosthas
Aunque ello aún no me lo perdona mi buen amigo elcuervolopez, nunca vi esta película hasta unos pocos días en que la compartió a través de su Blog. Sin embargo, sabía de la película y de su enorme simbolismo estético por menciones de casi todos los discos de Mahler, especialmente aquellos de la Quinta Sinfonía. Esta ansiedad por conocer la obra, me llevo a mí mismo a preenjuiciarme sobre su contenido, esperando quizás una alegoría más fuerte a su música y a su personalidad alrededor de ella.
Sin embargo, me causó una gran sorpresa su todo melancólico, su sublime cinematografía, el sutil manejo de planos de contexto y sobre todo, la lentitud de su desarrollo. Si había que compararlo con una pintura, quizás vendría a mi mente las neviscas creaciones de Degas, las cuales toma mucho tiempo descifrar, mas sin embargo, son portadoras de una belleza compleja y potente.
Es, ante todo, una obra maestra en tanto recreación escénica de una época, el cuidado a los detalles y a la pureza de las imágenes es extraordinario. Visualmente, la fotografía de la obra recrea con una fidelidad casi fantasmagórica los ecos del pasado, el esplendor de una sociedad pudiente en medio de la ciudad que mejor expresa la fatalidad inminente: Venecia.
La película posee un hilo conductor dentro de los últimos días de la vida de un afamado músico, el cu
al al final de sus días se encuentra en el ocaso de su creatividad artística, dentro de un entorno que no le inspira nuevas venas de entusiasmo e inspiración. El entorno esta magistralmente ilustrado…es una decadente imagen de la grandiosa Venecia en medio de una crisis social y económica, agravada con la presencia de una epidemia de cólera y por la insistente presencia de los vientos que vienen del Africa.
En este entorno deprimente pero grandilocuente, se instala el profesor Gustav von Aschenbach en un elegante hotel de la costa veneciana y allí, en medio de un entorno gris y aburrido, el protagonista toma contacto con un bello joven de ascendencia polaca que se encuentra hospedado en dicho hotel. Es un joven de aspecto andrógino, que durante varias secciones de la película se muestra como una imagen de belleza inalcanzable que inspira al maestro Aschenbach.
Esta fijación del maestro con esa imagen mueve su propia conciencia de su realidad y la encrucijada en que se encuentra en ese momento de su vida. Los constantes viajes hacia las imágenes del pasado feliz con su esposa, pero sobre todo los diálogos con su colega Alfred nos revelan cuan profunda es la depresión y la confusión que tiene en su corazón y mente el protagonista.
La película de Visconti esta basada en una novela corta de Thomas Mann, la cual algunos interpretan superfi
cialmente como la historia de un hombre mayor que se enamora de un adolescente. Visconti hace una lectura y adaptación genial de la obra, destacando la especial fascinación del protagonista por el joven, pero escapa ella a un simple deseo homosexual: es la fascinación del hombre maduro por la belleza, la atracción por lo altivo y hermoso. La pausa y delicadeza de la exposición del argumento de la película, la complicada red de pensamientos y deseos del protagonista nos sitúan al frente de una obra cuya grandeza reside en la forma como, renunciando a toda vulgaridad, se construye un mundo especial que, no obstante, es corriente, común, y descomunalmente deprimente en su realidad.
El lienzo cinematográfico de Visconti ilustra con claridad, pero con sutileza que la atracción sufrida por Aschenbach no obedece sólo a la belleza andrógina del joven sino a la oposición que se crea entre éste y el resto de personajes de la novela.
Sin decirlo, Visconti nos muestra claramente una alusion a la figura de Aschenbach del que se dice que "había crecido (...) aislado, sin amigos, dándose cuenta prematuramente de que pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuando hasta una edad avanzada".
Dos momentos me conmueven especialmente. El primero, cuando el protagonista ya ha asimilado este nuevo paradigma de la belleza en la figura andrógina del joven y se dedica a sí mismo un esfuerzo de recrear la belleza en sí mismo, arreglándose en una sala de belleza masculina, reponiendo sus canas, afinando sus facciones y delineando sus cejas, con el propósito de obtener un acercamiento que no se logra concretar con el joven elusivo (en todo el film, ambos nunca intercambian un dialogo).
Sin embargo, me causó una gran sorpresa su todo melancólico, su sublime cinematografía, el sutil manejo de planos de contexto y sobre todo, la lentitud de su desarrollo. Si había que compararlo con una pintura, quizás vendría a mi mente las neviscas creaciones de Degas, las cuales toma mucho tiempo descifrar, mas sin embargo, son portadoras de una belleza compleja y potente.
Es, ante todo, una obra maestra en tanto recreación escénica de una época, el cuidado a los detalles y a la pureza de las imágenes es extraordinario. Visualmente, la fotografía de la obra recrea con una fidelidad casi fantasmagórica los ecos del pasado, el esplendor de una sociedad pudiente en medio de la ciudad que mejor expresa la fatalidad inminente: Venecia.
La película posee un hilo conductor dentro de los últimos días de la vida de un afamado músico, el cu
al al final de sus días se encuentra en el ocaso de su creatividad artística, dentro de un entorno que no le inspira nuevas venas de entusiasmo e inspiración. El entorno esta magistralmente ilustrado…es una decadente imagen de la grandiosa Venecia en medio de una crisis social y económica, agravada con la presencia de una epidemia de cólera y por la insistente presencia de los vientos que vienen del Africa.En este entorno deprimente pero grandilocuente, se instala el profesor Gustav von Aschenbach en un elegante hotel de la costa veneciana y allí, en medio de un entorno gris y aburrido, el protagonista toma contacto con un bello joven de ascendencia polaca que se encuentra hospedado en dicho hotel. Es un joven de aspecto andrógino, que durante varias secciones de la película se muestra como una imagen de belleza inalcanzable que inspira al maestro Aschenbach.
Esta fijación del maestro con esa imagen mueve su propia conciencia de su realidad y la encrucijada en que se encuentra en ese momento de su vida. Los constantes viajes hacia las imágenes del pasado feliz con su esposa, pero sobre todo los diálogos con su colega Alfred nos revelan cuan profunda es la depresión y la confusión que tiene en su corazón y mente el protagonista.
La película de Visconti esta basada en una novela corta de Thomas Mann, la cual algunos interpretan superfi
cialmente como la historia de un hombre mayor que se enamora de un adolescente. Visconti hace una lectura y adaptación genial de la obra, destacando la especial fascinación del protagonista por el joven, pero escapa ella a un simple deseo homosexual: es la fascinación del hombre maduro por la belleza, la atracción por lo altivo y hermoso. La pausa y delicadeza de la exposición del argumento de la película, la complicada red de pensamientos y deseos del protagonista nos sitúan al frente de una obra cuya grandeza reside en la forma como, renunciando a toda vulgaridad, se construye un mundo especial que, no obstante, es corriente, común, y descomunalmente deprimente en su realidad.El lienzo cinematográfico de Visconti ilustra con claridad, pero con sutileza que la atracción sufrida por Aschenbach no obedece sólo a la belleza andrógina del joven sino a la oposición que se crea entre éste y el resto de personajes de la novela.
Sin decirlo, Visconti nos muestra claramente una alusion a la figura de Aschenbach del que se dice que "había crecido (...) aislado, sin amigos, dándose cuenta prematuramente de que pertenecía a una generación en la cual escaseaba, si no el talento, sí la base fisiológica que el talento requiere para desarrollarse; a una generación que suele dar muy pronto lo mejor que posee y que rara vez conserva sus facultades actuando hasta una edad avanzada".
Dos momentos me conmueven especialmente. El primero, cuando el protagonista ya ha asimilado este nuevo paradigma de la belleza en la figura andrógina del joven y se dedica a sí mismo un esfuerzo de recrear la belleza en sí mismo, arreglándose en una sala de belleza masculina, reponiendo sus canas, afinando sus facciones y delineando sus cejas, con el propósito de obtener un acercamiento que no se logra concretar con el joven elusivo (en todo el film, ambos nunca intercambian un dialogo).
Y, por supuesto, la gran escena final de la muerte del protagonista no si antes tener un intercambio de imágenes y señales con el joven en el ocaso de la playa, es brutalmente conmovedora (con el incentivo del Adagietto de Mahler de fondo). En fin, es definitivamente una película asombrosa, conmovedora, sublime y constituye el testamento fílmico de un artista que no encajaba con el siglo que le toco vivir y cuyo espíritu se podría resumir en la frase que Visconti deseaba que fuese el slogan promocional del film.....”Quien ha contemplado la belleza con sus propios ojos está consagrado ya a la muerte”.
Hay que agradecer a elcuervolopez por darnos esta oportunidad de ver Muerte en Venecia, porque hablar de esta genial obra es hablar del culmen de la belleza visual. Se trata de una poesía fílmica dotada una fuerza interior que nos arrolla y aplasta con su drama filosófico. La lentitud de la trama, que la convierte en una incomprendida, arroja luz sobre la frágil y decadente belleza de Venecia. Quizás sea eso, la pulcritud de sus imágenes, o quizás sea ese reloj de arena desperdiciando los restos de cada uno de nosotros en una inevitable caída hacia la muerte. No sé, pero la visualización de esta obra maestra del genio Visconti me produjo una paz inexplicable. Es una pena que su ritmo pausado y real le haya causado tantos detractores, los cuales no entiendan esta clase de cine, acostumbrados al cine de hoy, superficial, veloz y furioso. Pero esta búsqueda final de la belleza quedará para el resto como una genialidad inigualable.
Hay que agradecer a elcuervolopez por darnos esta oportunidad de ver Muerte en Venecia, porque hablar de esta genial obra es hablar del culmen de la belleza visual. Se trata de una poesía fílmica dotada una fuerza interior que nos arrolla y aplasta con su drama filosófico. La lentitud de la trama, que la convierte en una incomprendida, arroja luz sobre la frágil y decadente belleza de Venecia. Quizás sea eso, la pulcritud de sus imágenes, o quizás sea ese reloj de arena desperdiciando los restos de cada uno de nosotros en una inevitable caída hacia la muerte. No sé, pero la visualización de esta obra maestra del genio Visconti me produjo una paz inexplicable. Es una pena que su ritmo pausado y real le haya causado tantos detractores, los cuales no entiendan esta clase de cine, acostumbrados al cine de hoy, superficial, veloz y furioso. Pero esta búsqueda final de la belleza quedará para el resto como una genialidad inigualable.
Ernesto Nosthas





















2 comentarios:
Como toda manifestación artísitca, Muerte en Venecia, tiene distintas lecturas posibles. Yo empezaría por Visconti. Uno de los mejores exponentes del neorrealismo, que pensaba al hombre en su relación con las circunstacias. La muerte como absoluto. La mutabilidad permanente de la naturaleza humana. El joven, como metáfora del objeto de deseo, que irremediablemente cae.
Visconti plantea estas cuestiones del contraste al que se refiere Ernesto, en casi todas sus películas. Rocco y sus hermanos, El gatopardo, Bocaccio 70 y Obsesión -su primer película, basada en El cartero siempre llama dos veces-.
Muerte en Venecia fue aplaudida por el público cinéfilo.
Estimado Ernesto, te sugiero, que si no lo hiciste, leas el libro.
mara
Muy estimados participantes de este interesante blog. Siempre es estimulante leer lo apuntado por personas que saben de qué hablan (escriben) y lo hacen muy bien. He leido varios de los posteos y les aseguro que ya estoy bajando los discos que comentan. Pero este posteo me ha dado ganas de apuntar mi humilde opinión.
Debo confesar que no he visto la película comentada (lo que me desautoriza) pero sí leí el libro (lo que me vuelve a autorizar). Si Visconti vio en el libro de Mann algo más que las ansiedades de un decadente (en el sentido del decadentismo de fines del siglo XIX)y de un pedófilo que no se decide a ser tal, el director italiano debe haber hecho una lectura muy sui generis de la obra de Mann. Como "Lolita" de Nabokob, como las pinturas de Baltus, la obra de Mann no hace sino jugar con esa ansiedad prohibida del protagonista, pero no hay nada de poesía en eso; por algo el protagonista recibe su castigo al final (Mann se aplica en insinuarnos el horror durante toda la novela y finalmente castiga - con algo de moral judeocristiana- al pecador). Algo hay también en este libro de Mann, de aquella idea neoclásica (Winkelman) de que la belleza era del hombre y no de la mujer; algo tiene esa figura andrógina de la idealizada belleza de las esculturas grecolatinas (y sus posteriores iterpretaciones: vr.gr. el Baco de Miguel Angel). Pero lo que yo interpreté de la obra de Mann, es una atmosfera densa, que envuelve las tribulaciones que disfrazan en esa aparente idealización un impulso sexual inconfesable para el protagonista. Eso es bastante palpable en el libro. Es evidente que el cineasta (cmo el director de orquesta) también es un intérprete bastante libre del guión original.
saludos
y felicitaciones por el blog
Sr.A.
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