BRUCKNER Y LA SINFONIA Nº 0. EL INICIO DEL CAMINO QUE NOS LLEVARA A CONOCER EL FABULOSO LEGADO DEL MAESTRO DE SAN FLORIAN
por Ernesto Nosthas
Comenzamos un nuevo ciclo en el Blog de elcuervolopez, ahora dedicado exclusivamente a las sinfonías
de Anton Bruckner. He de confesar que esta tarea me causa profunda satisfacción, porque confieso que llegué tarde a Bruckner, y nunca olvido una anécdota que me hace reflexionar como me impactó cuando empecé a apreciarlo.
En mis primeros años como amante de la buena música, adquirí varios discos de Bruckner, pero no los aprecié, ni fueron de mi particular interés. Recuerdo, un par de vinilos con Bohm y la Octava y la Novena, y no me causaron una gran impresión. En mis manos, cayó una copia del célebre ensayo de Bruno Walter, titulado “Mahler y Bruckner”, el cual empezó a abrir brecha sobre el valor de las obras de ambos maestros, aunque sin querer, en dichas notas Walter creó un puente que no existió entre ambos maestros, aspecto sobre el cual escribiré posteriormente en esta secuencia de entregas, así como también les contaré la interesante historia de cómo me apasioné con las obras de Bruckner, sin embargo, no nos adelantemos. Tratemos ahora de concentrarnos en los inicios del Maestro.
Bruckner nació en Ansfelden, Austria, el septiembre de 1824. De sus primeros años se conoce relativamente poco, no fue, bajo ningún caso, un niño prodigio ni un genio musical en su juventud, recién entrada su cuarta década de vida, empezó a mostrar sus primeras muestras de genuino talento para el arte musical.
Al quedar huérfano de padre, a los 13 años, tuvo que empezar a asumir responsabilidades en su hogar. Luego de completar sus estudios primarios, logró obtener dos empleos de poca paga, el primero como asistente de maestro en la escuela local y en las noches, tocaba el violín en las fiestas del pueblo. Al cumplir los 20 años, tuvo acceso a lo que sería la institución que le moldearía su carrera y su personalidad. El Convento Agustino de San Florián, con el cual estaría vinculado hasta su muerte.
En dicho Convento, intensificó sus estudios musicales, adquiriendo en 1851 el titulo de organista principal. Esta actividad marcó su vida para siempre. Bruckner fue siempre, en el fo
ndo, un organista que aprendió a trascender a este instrumento hacia grandes obras orquestales, pero que en esencia, siempre nos recuerdan la sonoridad, armonía y expresividad del majestuoso órgano. Con alguna timidez, en 1868 aceptó un puesto de Maestro de Teoría Musical en la Universidad de Viena, justo en los días en que dicha ciudad estaba dividida en dos bandos, los Wagnerianos y los seguidores más conservadores, los cuales eran liderados por Brahms desde los compositores y por el temido crítico musical Eduard Hanslick por el bando de los literatos.
De esta segmentación, y de la decisión de Bruckner de aliarse con Wagner (quien se convirtió en su mentor, maestro y fuente de inspiración para muchas obras), escribiremos más adelante, en particular de las miserias y azares que esta decisión le causó en su propia imagen y en la recepción de sus obras (para adelantar, el lector puede visitar mis notas publicadas en elcuervolopez a propósito de este tema AQUI y AQUI.
En el arte de organista alcanzó una apreciable fama, que lo llevó incluso a brindar conciertos fuera de su natal Austria, primero en París en 1869 y luego en Londres en 1871. En ambas ciudades obtuvo notables crÍticas, principalmente en su capacidad de improvisar, como en su época lo hacía Bach.
En sus notas de la gira de París, tomo varios temas y compases que luego serían la base de la obra que en este momento nos ocupa. Su Sinfonía en Re Menor, conocida como la Sinfonía de Numeración Nula (Nullte Symphonie, por su acepción alemana), la que luego sencillamente se le llamó Sinfonía Nº 0, la cual compuso en 1869.
Para el lector, es necesario ubicarlo cronológicamente en el hecho que esta no es la primera obra sinfónica bruckneriana, de hecho, es su tercera, luego de la Sinfonía de Estudio, Sinfonía en Fa menor o Sinfonía Nº 00 escrita en 1863 y de la Primera Sinfonía, compuesta en 1866.
En su concepción, es una obra profundamente lírica, quizás la mas melódica de todas las sinfonías brucknerianas, sin embargo, no fue apreciada por su compositor, quien se manifestó dubitativo sobre su calidad. Para intentar conciliar su propia inseguridad, sometió a consideración del exigente director de la Filarmónica de Viena, Félix Otto Dessoff, quien le dio comentarios muy negativos, incluso llego a decir, que el primer movimiento era una sopa de corcheas sin un tema principal que las una entre sí.
Luego de esta lapidaria valoración, Bruckner le borró el número a la partitura y la declaró inválida. Sin embargo, no la desechó y la envió al archivo del Conservatorio Vienes como una obra de estudio sin valor interpretativo. De hecho, tuvieron que pasar más de dos décadas desde su muerte, para que fuera rescatada del olvido e interpretada por primera vez por la Filar
mónica de Viena bajo la dirección del maestro Felix Moissl, el 12 de octubre de 1924.
A partir de ese momento, fue integrada al ciclo de Sinfonías oficial de Bruckner, y a partir del ejercicio de compilación que realizó en 1977 Renate Grasberger con el Anton Bruckners Geburtshaus, se le asigno el código WAB100 (Werkverzeichnis Anton Bruckner).
La obra posee un formato clásico de sonata al cual Bruckner se ciñó durante toda su vida, es decir, un movimiento introductorio en formato de allegro, en el cual en algunos casos se le agregaba una introducción que evolucionaba hacia el tema principal. Un segundo movimiento lento, en el cual el maestro de Ansfelden colocó su mejor inspiración y desarrollo unas páginas de notable poesía musical (Karajan solía referirse a él como el Maestro del Adagio). El tercer movimiento, en formato de scherzo y un movimiento final que se desarrollaba como un allegro de cierre con una coda majestuosa e imponente. Esta estructura tuvo algunas variaciones en el orden de los movimientos, como pronto abordaremos cuando lleguemos a la Segunda Sinfonía.
Esta obra sigue a rajatabla ese esquema básico. El primer movimiento inicia con directamente con un ostinato en las cuerdas que anticipa un primer tema, el cual es desarrollado en pares en sucesivos diálogos entre las cuerdas y las maderas. Esta figura orquestal, es repetida en su estructura (mas no en los temas) en los otros dos movimientos. El segundo movimiento es Andante de lirismo notable, igualmente basado en un intercambio de roles entre las cuerdas y las maderas.
El movimiento más interesante de todos a mi gusto es el scherzo, porque pese a que tiene una estructura tradicionalmente bruckneriana, es el único de todos los scherzos que empieza con un fortísimo en la totalidad de la orquesta. Es típico en los otros terceros movimientos que el tema evolucione en crescendo desde una tonalidad en escala menor hacia una fuerte exposición en los bronces (particularmente en los cornos y en las tubas-wagnerianas en el caso particular de la orquestación de las tres últimas sinfonías). Otro detalle interesante es que las modalidades cromáticas expuestas en el desarrollo del scherzo son muy intensas, casi se puede sentir un anticipo a la música de Bartok y Shostakovich (particularmente al segundo movimiento de la Quinta Sinfonía de este ultimo).
El Finale es muy tradicionalista en su forma. Luego de una introducción lenta y expresiva, el tema principal es asumido por los violines con un acompañamiento pausado en las maderas, abriendo paso a la exposición del tema principal allegro que caracteriza todo el movimiento, el cual se alterna con el primer tema y con una variación del segundo tema expuesto en un unísono de las cuerdas y los cornos en un tutti orquestal muy intenso. Algunos directores, especialmente Gunter Wand, han señalado que el desarrollo melódico de este movimiento se percibe un aire italiano, citando algunos incluso, alguna influencia de Rossini.
Esta es una obra, que en palabras del musicólogo Robert Simpson “es una obra maestra. La paleta orquestal es de una transparente belleza, su sentido del movimiento es perfecto, es armónicamente muy delicada y original, y su invención melódica es fluente y refinada". A mi gusto, es un
a muestra más que los consejos dados a primera impresión no fueron muy afortunados, gracias a Dios que Tchaikovsky y Mahler ignoraron las diatribas que les dieron en su momento varios críticos a sus obras, esta obra merecía más que ser guardada en un archivo.
De esta obra maestra no existen muchas grabaciones, la primera grabación que se hizo data de 1933, cuando se grabo el tercer movimiento de la obra por parte de Fritz Zaun y la Orquesta de la Opera Estatal de Berlín. Casi dos décadas después, Henk Spruit con la Orquesta Filarmónica de Holanda hizo la primera grabación completa en 1951.
Aun en nuestros días, no se suelen hacer muchas grabaciones, e incluso cuando se graban integrales, frecuentemente no se la incluye. De esta obra, aprecio mucho la versión de Georg Tintner y de las realizadas con la Chicago Symphony Orchestra por parte de los conductores Daniel Barenboim y Sir Georg Solti. Para este post, someto a su gozo y consideración la grabación realizada por Barenboim en estudio en agosto de 1979 con el sello Deutsche Grammophon.
En la siguiente entrega de esta saga, elcuervolopez abordará la Sinfonía Nº 1, de Bruckner, mientras que yo caliento motores con la Sinfonía Nº 2.
En mis primeros años como amante de la buena música, adquirí varios discos de Bruckner, pero no los aprecié, ni fueron de mi particular interés. Recuerdo, un par de vinilos con Bohm y la Octava y la Novena, y no me causaron una gran impresión. En mis manos, cayó una copia del célebre ensayo de Bruno Walter, titulado “Mahler y Bruckner”, el cual empezó a abrir brecha sobre el valor de las obras de ambos maestros, aunque sin querer, en dichas notas Walter creó un puente que no existió entre ambos maestros, aspecto sobre el cual escribiré posteriormente en esta secuencia de entregas, así como también les contaré la interesante historia de cómo me apasioné con las obras de Bruckner, sin embargo, no nos adelantemos. Tratemos ahora de concentrarnos en los inicios del Maestro.
Bruckner nació en Ansfelden, Austria, el septiembre de 1824. De sus primeros años se conoce relativamente poco, no fue, bajo ningún caso, un niño prodigio ni un genio musical en su juventud, recién entrada su cuarta década de vida, empezó a mostrar sus primeras muestras de genuino talento para el arte musical.
Al quedar huérfano de padre, a los 13 años, tuvo que empezar a asumir responsabilidades en su hogar. Luego de completar sus estudios primarios, logró obtener dos empleos de poca paga, el primero como asistente de maestro en la escuela local y en las noches, tocaba el violín en las fiestas del pueblo. Al cumplir los 20 años, tuvo acceso a lo que sería la institución que le moldearía su carrera y su personalidad. El Convento Agustino de San Florián, con el cual estaría vinculado hasta su muerte.
En dicho Convento, intensificó sus estudios musicales, adquiriendo en 1851 el titulo de organista principal. Esta actividad marcó su vida para siempre. Bruckner fue siempre, en el fo
ndo, un organista que aprendió a trascender a este instrumento hacia grandes obras orquestales, pero que en esencia, siempre nos recuerdan la sonoridad, armonía y expresividad del majestuoso órgano. Con alguna timidez, en 1868 aceptó un puesto de Maestro de Teoría Musical en la Universidad de Viena, justo en los días en que dicha ciudad estaba dividida en dos bandos, los Wagnerianos y los seguidores más conservadores, los cuales eran liderados por Brahms desde los compositores y por el temido crítico musical Eduard Hanslick por el bando de los literatos.De esta segmentación, y de la decisión de Bruckner de aliarse con Wagner (quien se convirtió en su mentor, maestro y fuente de inspiración para muchas obras), escribiremos más adelante, en particular de las miserias y azares que esta decisión le causó en su propia imagen y en la recepción de sus obras (para adelantar, el lector puede visitar mis notas publicadas en elcuervolopez a propósito de este tema AQUI y AQUI.
En el arte de organista alcanzó una apreciable fama, que lo llevó incluso a brindar conciertos fuera de su natal Austria, primero en París en 1869 y luego en Londres en 1871. En ambas ciudades obtuvo notables crÍticas, principalmente en su capacidad de improvisar, como en su época lo hacía Bach.
En sus notas de la gira de París, tomo varios temas y compases que luego serían la base de la obra que en este momento nos ocupa. Su Sinfonía en Re Menor, conocida como la Sinfonía de Numeración Nula (Nullte Symphonie, por su acepción alemana), la que luego sencillamente se le llamó Sinfonía Nº 0, la cual compuso en 1869.
Para el lector, es necesario ubicarlo cronológicamente en el hecho que esta no es la primera obra sinfónica bruckneriana, de hecho, es su tercera, luego de la Sinfonía de Estudio, Sinfonía en Fa menor o Sinfonía Nº 00 escrita en 1863 y de la Primera Sinfonía, compuesta en 1866.
En su concepción, es una obra profundamente lírica, quizás la mas melódica de todas las sinfonías brucknerianas, sin embargo, no fue apreciada por su compositor, quien se manifestó dubitativo sobre su calidad. Para intentar conciliar su propia inseguridad, sometió a consideración del exigente director de la Filarmónica de Viena, Félix Otto Dessoff, quien le dio comentarios muy negativos, incluso llego a decir, que el primer movimiento era una sopa de corcheas sin un tema principal que las una entre sí.
Luego de esta lapidaria valoración, Bruckner le borró el número a la partitura y la declaró inválida. Sin embargo, no la desechó y la envió al archivo del Conservatorio Vienes como una obra de estudio sin valor interpretativo. De hecho, tuvieron que pasar más de dos décadas desde su muerte, para que fuera rescatada del olvido e interpretada por primera vez por la Filar
mónica de Viena bajo la dirección del maestro Felix Moissl, el 12 de octubre de 1924.A partir de ese momento, fue integrada al ciclo de Sinfonías oficial de Bruckner, y a partir del ejercicio de compilación que realizó en 1977 Renate Grasberger con el Anton Bruckners Geburtshaus, se le asigno el código WAB100 (Werkverzeichnis Anton Bruckner).
La obra posee un formato clásico de sonata al cual Bruckner se ciñó durante toda su vida, es decir, un movimiento introductorio en formato de allegro, en el cual en algunos casos se le agregaba una introducción que evolucionaba hacia el tema principal. Un segundo movimiento lento, en el cual el maestro de Ansfelden colocó su mejor inspiración y desarrollo unas páginas de notable poesía musical (Karajan solía referirse a él como el Maestro del Adagio). El tercer movimiento, en formato de scherzo y un movimiento final que se desarrollaba como un allegro de cierre con una coda majestuosa e imponente. Esta estructura tuvo algunas variaciones en el orden de los movimientos, como pronto abordaremos cuando lleguemos a la Segunda Sinfonía.
Esta obra sigue a rajatabla ese esquema básico. El primer movimiento inicia con directamente con un ostinato en las cuerdas que anticipa un primer tema, el cual es desarrollado en pares en sucesivos diálogos entre las cuerdas y las maderas. Esta figura orquestal, es repetida en su estructura (mas no en los temas) en los otros dos movimientos. El segundo movimiento es Andante de lirismo notable, igualmente basado en un intercambio de roles entre las cuerdas y las maderas.
El movimiento más interesante de todos a mi gusto es el scherzo, porque pese a que tiene una estructura tradicionalmente bruckneriana, es el único de todos los scherzos que empieza con un fortísimo en la totalidad de la orquesta. Es típico en los otros terceros movimientos que el tema evolucione en crescendo desde una tonalidad en escala menor hacia una fuerte exposición en los bronces (particularmente en los cornos y en las tubas-wagnerianas en el caso particular de la orquestación de las tres últimas sinfonías). Otro detalle interesante es que las modalidades cromáticas expuestas en el desarrollo del scherzo son muy intensas, casi se puede sentir un anticipo a la música de Bartok y Shostakovich (particularmente al segundo movimiento de la Quinta Sinfonía de este ultimo).
El Finale es muy tradicionalista en su forma. Luego de una introducción lenta y expresiva, el tema principal es asumido por los violines con un acompañamiento pausado en las maderas, abriendo paso a la exposición del tema principal allegro que caracteriza todo el movimiento, el cual se alterna con el primer tema y con una variación del segundo tema expuesto en un unísono de las cuerdas y los cornos en un tutti orquestal muy intenso. Algunos directores, especialmente Gunter Wand, han señalado que el desarrollo melódico de este movimiento se percibe un aire italiano, citando algunos incluso, alguna influencia de Rossini.
Esta es una obra, que en palabras del musicólogo Robert Simpson “es una obra maestra. La paleta orquestal es de una transparente belleza, su sentido del movimiento es perfecto, es armónicamente muy delicada y original, y su invención melódica es fluente y refinada". A mi gusto, es un
De esta obra maestra no existen muchas grabaciones, la primera grabación que se hizo data de 1933, cuando se grabo el tercer movimiento de la obra por parte de Fritz Zaun y la Orquesta de la Opera Estatal de Berlín. Casi dos décadas después, Henk Spruit con la Orquesta Filarmónica de Holanda hizo la primera grabación completa en 1951.
Aun en nuestros días, no se suelen hacer muchas grabaciones, e incluso cuando se graban integrales, frecuentemente no se la incluye. De esta obra, aprecio mucho la versión de Georg Tintner y de las realizadas con la Chicago Symphony Orchestra por parte de los conductores Daniel Barenboim y Sir Georg Solti. Para este post, someto a su gozo y consideración la grabación realizada por Barenboim en estudio en agosto de 1979 con el sello Deutsche Grammophon.
En la siguiente entrega de esta saga, elcuervolopez abordará la Sinfonía Nº 1, de Bruckner, mientras que yo caliento motores con la Sinfonía Nº 2.
Nos vemos en la próxima.
Ernesto Nosthas





















3 comentarios:
Hola Ernesto¡Excelente trabajo,como siempre! ¡Buen calentamiento para la siguiente entrega! Saludos.
Tengo una duda, al parecer hay dos sinfonías de Bruckner que corresponderian a la #0 "cero", seg´pun algunos sitios de internet (el excesivamente popular Wikipedia et al) nos hablan de una "sinfonía de estudio" o "00 Nullte" y posteriormente una sinfonía 0 (cero). La versión que hay en tu blog, a cual correspondería? Saludos.
La que se subió es la 0 (cero), y la de Estudio o doble cero cerrárá el ciclo.
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