EL CONCIERTO PARA PIANO “PARA LA MANO IZQUIERDA” DE MAURICE RAVEL
Ernesto Nosthas
Esta historia tiene dos protagonistas, el pianista Paul Wittgenstein y el celebre compositor francés Maurice Ravel, cuyos destinos se vieron entrelazados a partir de la tragedia personal del primero cuando perdió su brazo en combate durante la Primera Guerra Mundial.
Paul Wittgenstein nació en 1887 en el seno de una acomodada familia vienesa, cuyo hogar era uno de los epicentros de la cultura en la Austria de finales del Siglo XIX. Entusiasta del piano desde corta edad, alumno de prestigiosos maestros tales como Theodor Leschetizky y Josef Labor, tuvo la precocidad y el talento en sus primeros años de vida como para participar en dúos de piano con compositores de la talla de Mahler, Brahms y Richard Strauss en veladas artísticas en su hogar.
Wittgenstein hizo su debut como pianista en 1913 con buen suceso, sin embargo, pese a que su carrera estaba en ascenso, fue llamado a las armas al año siguiente en que empezó la 1ra. Guerra Mundial. Durante un asalto ruso en Polonia, fue herido y apresado por los rusos. Sus heridas en el brazo derecho fueron muy graves, por lo que se le tuvo que amputar el brazo. Este lamentable suceso sumió al joven Wittgenstein en una gran agonía y depresión. Una vez concluida la Guerra, Wittgenstein tomo la decisión de reagrupar todas sus fuerzas y empezó una tarea de estudio y recopilación de toda la música existente para ser interpretada por una sola mano, e incluso su anciano maestro Labor (el cual para entonces estaba totalmente ciego) compuso con la ayuda de Wittgenstein como transcriptor, varias obras para piano especialmente dedicadas a el.
Paul Wittgenstein nació en 1887 en el seno de una acomodada familia vienesa, cuyo hogar era uno de los epicentros de la cultura en la Austria de finales del Siglo XIX. Entusiasta del piano desde corta edad, alumno de prestigiosos maestros tales como Theodor Leschetizky y Josef Labor, tuvo la precocidad y el talento en sus primeros años de vida como para participar en dúos de piano con compositores de la talla de Mahler, Brahms y Richard Strauss en veladas artísticas en su hogar.
Wittgenstein hizo su debut como pianista en 1913 con buen suceso, sin embargo, pese a que su carrera estaba en ascenso, fue llamado a las armas al año siguiente en que empezó la 1ra. Guerra Mundial. Durante un asalto ruso en Polonia, fue herido y apresado por los rusos. Sus heridas en el brazo derecho fueron muy graves, por lo que se le tuvo que amputar el brazo. Este lamentable suceso sumió al joven Wittgenstein en una gran agonía y depresión. Una vez concluida la Guerra, Wittgenstein tomo la decisión de reagrupar todas sus fuerzas y empezó una tarea de estudio y recopilación de toda la música existente para ser interpretada por una sola mano, e incluso su anciano maestro Labor (el cual para entonces estaba totalmente ciego) compuso con la ayuda de Wittgenstein como transcriptor, varias obras para piano especialmente dedicadas a el.
Su talento y perseverancia le merecieron el respeto de la comunidad artística, y muchos afamados compositores tales como Prokofiev, Britten, Korngold, Schmidt, Hindemith y Richard Strauss compusieron música especialmente para él. Sin embargo, ninguna de esas obras alcanzó el brillo y la fama que obtuvo el Concierto para Piano “para la mano izquierda” que compuso Maurice Ravel.
Maurice Ravel estaba a en el proceso de componer su celebrado Concierto en Sol Mayor para Piano cuando recibió en su casa a Paul Wittgenstein, y conmovido por el caso decidió posponer la obra que tenía en proceso y desarrollar la comisión de escribir una obra especialmente para Wittgenstein, tarea que le consumió nueve intensos meses.
La obra fue estrenada en Viena el 5 de enero de 1932, con Wittgenstein en el piano y Robert Heger dirigiendo a la Sinfónica de Viena. En esa primera presentación no estuvo presente Ravel, sin embargo la obra siguió en cartelera en Europa y no fue sino hasta finales de ese mismo año que el compositor pudo escucharla con Wittgenstein en el piano. Ese primer encuentro de ambos luego del concierto no fue nada agradable, dado que Ravel noto que Wittgenstein había hecho cambios en la orquestación de la partitura con los cuales no estaba de acuerdo Ravel. La conversación entre ambos fue brusca y pesada. Este malestar hizo que Ravel vetara una interpretación de la obra en París a menos que la obra se respetase en su integridad, aspecto que Wittgenstein no aceptó. Esta historia tuvo un final feliz, cuando Wittgenstein aceptó la posición de Ravel y con un acuerdo de paz entre ambos, finalmente la obra se interpretó en París con Wittgenstein en el piano y Ravel dirigiendo la orquesta el 17 de enero de 1933.
Toda esta telenovela se pone en contexto del lector únicamente para referencia histórica, ya que estos pleitos entre autor y pianista nada tienen que ver con la colosal grandeza de la pieza. Es una obra ecléctica y muy particular que inspira una serie de sentimientos asociados al dolor y la valentía de un pianista que enfrenta a una orquesta con una sola mano. Ravel asentó al pie del original la cita "mixtatiae musae" – una referencia en latín a que la música esta inspirada en diversas fuentes – lo cual concuerda con la mezcla de ritmos jazz y de expresiones musicales muy contrastantes. Adicionalmente, aunque Ravel no le adjudico ninguna interpretación programática a su obra, es indudable que en su inspiración esta asociado el concepto del heroísmo y la tragedias de la Primera Guerra Mundial.
El inicio de la obra es misterioso y por la combinación de claves entre los arpegios en los bajos con que inicia la obra, mas el seguimiento posterior en las cuerdas da la impresión como que la orquesta esta afinando previo al inicio del concierto antes de la dramática entrada del piano. Luego de esta introducción, la estructura global de la obra se presenta en un solo movimiento, cuya interpretación promedio toma 18 minutos. El mismo Ravel en dos fuentes distintas (una entrevista con el Daily Telegraph de julio 1931 y otra en la sección de arte de L’Journal de París de enero de 1933) se contradice al afirmar primero que su obra es en un solo movimiento y en la segunda alude a dos movimientos ligados con una parte central. De cualquier forma, la estructura alterna ritmos de muy diversa naturaleza con un diálogo grandilocuente del piano respecto a la orquesta. El pianista tiene ante sí una partitura difícil y en varios tramos se exige mucho de la capacidad de mantener, con una sola mano, dos ritmos simultáneos, principalmente en la ultima sección en la cual los temas lentos de la primera parte se trasladan con nuevos ritmos punzantes y acelerados hacia el final de la obra.
Mi evaluación personal de la pieza la puedo resumir en que la “competencia” entre el piano a una mano y la orquesta es majestuosa y con rasgos heroicos, el piano arrebata ritmos a la orquesta (cuya demanda de instrumentos es sensiblemente mas pesada que la del Concierto en Sol del mismo autor) y al final se siente que, aún con la limitación que marca el uso de una sola mano, los acordes del piano arropan la fuerza orquestal y la llevan a un clímax emocional muy intenso….definitivamente, nadie me puede quitar de la cabeza que Ravel en todo momento quiso hacer de la tragedia personal de Wittgenstein un elemento de inspiración, y lo logra transmitir a sus oyentes con una fuerza que invita a la lucha de las fuerzas que oprimen el subconsciente humano. En este contexto, quizás la cita mas célebre sobre esta brillante obra la dio la excelsa pianista francesa Margeurite Long quien solía decir “todo en ella es grandioso, monumental, se develan matices espectaculares, monstruosos holocaustos donde los cuerpos mortales son consumidos por la enorme fuerza del espíritu humano, que trasciende los dolores terrenales y la angustia hacia un triunfo del alma sobre la materia”.
Con esta introducción, les invito a escuchar esta maravillosa pieza en versión de Krystian Zimerman y la Sinfónica de Chicago en dirección del maestro Pierre Boulez.
Maurice Ravel estaba a en el proceso de componer su celebrado Concierto en Sol Mayor para Piano cuando recibió en su casa a Paul Wittgenstein, y conmovido por el caso decidió posponer la obra que tenía en proceso y desarrollar la comisión de escribir una obra especialmente para Wittgenstein, tarea que le consumió nueve intensos meses.
La obra fue estrenada en Viena el 5 de enero de 1932, con Wittgenstein en el piano y Robert Heger dirigiendo a la Sinfónica de Viena. En esa primera presentación no estuvo presente Ravel, sin embargo la obra siguió en cartelera en Europa y no fue sino hasta finales de ese mismo año que el compositor pudo escucharla con Wittgenstein en el piano. Ese primer encuentro de ambos luego del concierto no fue nada agradable, dado que Ravel noto que Wittgenstein había hecho cambios en la orquestación de la partitura con los cuales no estaba de acuerdo Ravel. La conversación entre ambos fue brusca y pesada. Este malestar hizo que Ravel vetara una interpretación de la obra en París a menos que la obra se respetase en su integridad, aspecto que Wittgenstein no aceptó. Esta historia tuvo un final feliz, cuando Wittgenstein aceptó la posición de Ravel y con un acuerdo de paz entre ambos, finalmente la obra se interpretó en París con Wittgenstein en el piano y Ravel dirigiendo la orquesta el 17 de enero de 1933.
Toda esta telenovela se pone en contexto del lector únicamente para referencia histórica, ya que estos pleitos entre autor y pianista nada tienen que ver con la colosal grandeza de la pieza. Es una obra ecléctica y muy particular que inspira una serie de sentimientos asociados al dolor y la valentía de un pianista que enfrenta a una orquesta con una sola mano. Ravel asentó al pie del original la cita "mixtatiae musae" – una referencia en latín a que la música esta inspirada en diversas fuentes – lo cual concuerda con la mezcla de ritmos jazz y de expresiones musicales muy contrastantes. Adicionalmente, aunque Ravel no le adjudico ninguna interpretación programática a su obra, es indudable que en su inspiración esta asociado el concepto del heroísmo y la tragedias de la Primera Guerra Mundial.
El inicio de la obra es misterioso y por la combinación de claves entre los arpegios en los bajos con que inicia la obra, mas el seguimiento posterior en las cuerdas da la impresión como que la orquesta esta afinando previo al inicio del concierto antes de la dramática entrada del piano. Luego de esta introducción, la estructura global de la obra se presenta en un solo movimiento, cuya interpretación promedio toma 18 minutos. El mismo Ravel en dos fuentes distintas (una entrevista con el Daily Telegraph de julio 1931 y otra en la sección de arte de L’Journal de París de enero de 1933) se contradice al afirmar primero que su obra es en un solo movimiento y en la segunda alude a dos movimientos ligados con una parte central. De cualquier forma, la estructura alterna ritmos de muy diversa naturaleza con un diálogo grandilocuente del piano respecto a la orquesta. El pianista tiene ante sí una partitura difícil y en varios tramos se exige mucho de la capacidad de mantener, con una sola mano, dos ritmos simultáneos, principalmente en la ultima sección en la cual los temas lentos de la primera parte se trasladan con nuevos ritmos punzantes y acelerados hacia el final de la obra.
Mi evaluación personal de la pieza la puedo resumir en que la “competencia” entre el piano a una mano y la orquesta es majestuosa y con rasgos heroicos, el piano arrebata ritmos a la orquesta (cuya demanda de instrumentos es sensiblemente mas pesada que la del Concierto en Sol del mismo autor) y al final se siente que, aún con la limitación que marca el uso de una sola mano, los acordes del piano arropan la fuerza orquestal y la llevan a un clímax emocional muy intenso….definitivamente, nadie me puede quitar de la cabeza que Ravel en todo momento quiso hacer de la tragedia personal de Wittgenstein un elemento de inspiración, y lo logra transmitir a sus oyentes con una fuerza que invita a la lucha de las fuerzas que oprimen el subconsciente humano. En este contexto, quizás la cita mas célebre sobre esta brillante obra la dio la excelsa pianista francesa Margeurite Long quien solía decir “todo en ella es grandioso, monumental, se develan matices espectaculares, monstruosos holocaustos donde los cuerpos mortales son consumidos por la enorme fuerza del espíritu humano, que trasciende los dolores terrenales y la angustia hacia un triunfo del alma sobre la materia”.
Con esta introducción, les invito a escuchar esta maravillosa pieza en versión de Krystian Zimerman y la Sinfónica de Chicago en dirección del maestro Pierre Boulez.
Aquí tenéis el enlace.





















6 comentarios:
Épale man! el vinculo de descarga no esta activo :S interesante obra, ahi tienen pa' estudiar quienes se quieran aprender el concierto O_o la escuche hace años en un concierto de la RAI y me causo gran impresion, espero actives el enlace pronto...
Disculpas. Me olvidé de cargar el enlace. Ya está!
Señor Ernesto, usted me dejó sin palabras. Primero por su “tecnicidad” (a pesar de que odio esta palabra colindante con “Música”) y, segundo, por este pieza que me llevó hasta mis propios demonios. Realmente la descripción de Marguerite Long es perfecta (¿cómo podría no serlo?). No hay otra. ¡Gracias!
Gracias por tus lineas Martine
Realmente es una pieza grandiosa y que merece de mucho reconocimiento. En los proximos post de LOS CONCIERTOS DEL DOLOR tratare de ser menos tecnico para subrayar mas lo humano....la proxima semana conocera de una obra que revela la transicion que tuvo un compositor luego de una grave depresion, gracias a los buenos oficios de un notable psicologo
Saludos
Ernesto Nosthas
Ernesto, créame que en ningún momento mi comentario tuvo el objetivo de criticar el aspecto técnico de su escrito. Al contrario, mi asombro fue para recalcar mi propia ignorancia. No cambié nada a su estilo. Su conocimiento es valioso y más para mí, sólo piel y emociones, olvidándome que, atrás del telón, deben estar manos que muevan los títeres. Saludos
Tuve la suerte de escuchárselo en directo a nuestro JOAQUÍN ACHÚCARRO hace años en Oviedo. Como digo a muchos pianistas, ya quisieran tocar con las dos manos esta magnífica obra de Ravel...
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