LA MUJER VENEZOLANA
Crónica por Martine
Vivo en un pueblito a unos 20 Km. de la ciudad; mi casa está aislada pero los años al atravesar el pueblo de Las Barrancas me hicieron conocer y ganarme la simpatía de sus habitantes. A mi regreso por las noches, ya la gente está sentada afuera, a la entrada de su casa, tomando el fresco, y nunca falto a la cortesía de pararme unos segundos para saludar:
-Hola, señora María, ¿como está?
-¡Ay mi’ija, cansada! Llegue del trabajo a las cinco pa’ lavar, limpiar. Y ahora a preparar la cena y el almuerzo pa’ mañana.
Las palabras de la buena señora María no tendrían ninguna novedad para mí sino fuese que dicha señora tiene marido y que el susodicho no labora y goza de un “farniente” de lunes a lunes, eso de enero hasta diciembre. Se puede ver al hombre sufriendo el calor tropical, a cualquier hora del día, echado en u
na mecedora, o un chinchorro. En este trozo de calle por el cual debo pasar -son nueve casas en total-, la misma historia se repite cuatro veces más, quien el marido, quien el marido más el hijo mayor… Siempre la malicia prendida, pregunto:
-¿Y su marido?
-¡Aquí, echado, esperando que le dé de comer! ¡Tú sabes que ESO pa’nada sirve!
Estas respuestas de mujeres pueblerinas son el reflejo de la vida de personas sencillas pero el reflejo de lo que es, hoy día, la mujer venezolana.
Una sociedad patriarcal machista en la cual el verdadero motor de arrastre es -y fue-, sin lugar a dudas, la mujer.
Al revisar la historia y la literatura, vemos que la mujer tuvo, para decirlo de manera sugestiva, una condición de “cero a la izquierda”, receptáculo de los desahogos del hombre (en realidad debería decir los hombres) y vientre abultado por la maternidad, prueba irrefutable de la virilidad de quien lo causó. Es muy común ver núcleos familiares compuestos por una madre y varios hijos que no tienen el mismo padre.
El ideal de familia, padre-madre-hijos, no existe mayoritariamente en el país. Lo que existe es que 25% de los hogares están en manos de mujeres y si llevamos eso a las clases más populares esa cifra se eleva a 60% (ref. Centro de Estudio de la Mujer –UCV). En el mismo tiempo los valores siguen siendo patriarcales y hay un doble discurso en ello. Un discurso ambiguo. Todavía se le dice a la mujer que estar sola es no tener un hombre a su lado.
Posiblemente son estas paradojas que moldearon la mujer venezolana tal como nos la muestran, tal como ella se define, y tal como la vemos. Es una mujer en aras de ganar libertad de acción, para su formación intelectual, su ascenso profesional, autonomía económica y liberación de limitaciones que le impedía el disfrute de los placeres de la vida, primordialmente el goce del sexo. Es una mujer que toma decisiones y ha aumentado sus niveles de liderazgo, es valiente y es una mujer quien, en apariencia, es muy segura de sí misma.
Desde el punto de vista físico es una mujer que cuida mucho su cuerpo, su imagen. Esto va más allá inclusive de algunos parámetros socio-culturales, es decir se encuentra en todas las clases sociales este deseo de la mujer por ser bella. Apuesta primero en su físico. Esto ha llevado a que la cirugía estética sea una empresa creciente en este país, incluso lanzando a la fama a algunos cirujanos plásticos. Sea la que sea su cepa social, es una consumidora compulsiva, a tal punto que la venezolana se ha vuelto famosa fuera de las fronteras del país por ser una cliente “especial”, sobre todo en
lo que concierne ropa de vestir y productos de belleza.
¿Su relación con el hombre? Basta que se reúnan más de 2 mujeres en cualquier lugar para que de alguna manera se cuele el tema, que sorprende por la repetición y la angustia que genera, de que “¡No hay hombres!” o como se suele oír: “ellos son como los teléfonos públicos: los que sirven ya están ocupados y los que están desocupados es porque no sirven”.
Aquí es donde regresamos a los valores antiguos y al doble discurso. Algunos dicen que este exceso de coquetería sigue los mismos viejos objetivos: “Uno de los caminos rápidos a la estabilidad económica, al menos para las mujeres, es la antigua tradición del matrimonio, y si hay dinero, mejor. Para asegurarse de obtener sus objetivos, las mujeres venezolanas se esfuerzan para ser tan físicamente atractivas como sea posible.“
Si, ciertamente, la mujer venezolana, detrás de su discurso agresivo y muchas veces vulgar cuando se refiere al otro sexo, gusta “pescar” el hombre y llevarlo hasta el altar. Las novelas televisivas están repletas de estos clichés. No hay una miss, ex-miss, abuela de miss, cantante, actriz, animadora que se case sin que, al igual de las cadenas presidenciales, esté retransmitido sin interrupción todo el evento desde el despertar de la novia en la mañana de la boda hasta finalizar en el cuarto nupcial o el avión que llevará los recién casados a una isla paradisíaca…
De igual manera, la maternidad es un hecho esencial para sentirse una mujer “completa”. El procrear sigue fundamental con carácter de obligación, eso es válido para ambos sexos: el hombre que no tiene hijos teme (y tiene razones porque siempre habrá un cuestionamiento, una burla, una risita) que su entorno cuestione su virilidad. Así como la mujer que no ha parido no ha cumplido su función, su rol. Además de que, frente a una tradición católica con un anclaje tan profundo, el nacimiento del niño lava el pecado del acto sexual consumado. La mujer independiente y sin hijo queda, tras velo, una pecadora.
Para concluir, diría que el camino hecho es largo pero aun queda por hacer. Le recomendaría a esta mujer admirable de cuidar sus próximos pasos y que se guarde bien de caer en los excesos tan reclamados a sus propios machos.
Estas respuestas de mujeres pueblerinas son el reflejo de la vida de personas sencillas pero el reflejo de lo que es, hoy día, la mujer venezolana.
Una sociedad patriarcal machista en la cual el verdadero motor de arrastre es -y fue-, sin lugar a dudas, la mujer.
Al revisar la historia y la literatura, vemos que la mujer tuvo, para decirlo de manera sugestiva, una condición de “cero a la izquierda”, receptáculo de los desahogos del hombre (en realidad debería decir los hombres) y vientre abultado por la maternidad, prueba irrefutable de la virilidad de quien lo causó. Es muy común ver núcleos familiares compuestos por una madre y varios hijos que no tienen el mismo padre.
El ideal de familia, padre-madre-hijos, no existe mayoritariamente en el país. Lo que existe es que 25% de los hogares están en manos de mujeres y si llevamos eso a las clases más populares esa cifra se eleva a 60% (ref. Centro de Estudio de la Mujer –UCV). En el mismo tiempo los valores siguen siendo patriarcales y hay un doble discurso en ello. Un discurso ambiguo. Todavía se le dice a la mujer que estar sola es no tener un hombre a su lado.
Posiblemente son estas paradojas que moldearon la mujer venezolana tal como nos la muestran, tal como ella se define, y tal como la vemos. Es una mujer en aras de ganar libertad de acción, para su formación intelectual, su ascenso profesional, autonomía económica y liberación de limitaciones que le impedía el disfrute de los placeres de la vida, primordialmente el goce del sexo. Es una mujer que toma decisiones y ha aumentado sus niveles de liderazgo, es valiente y es una mujer quien, en apariencia, es muy segura de sí misma.
Desde el punto de vista físico es una mujer que cuida mucho su cuerpo, su imagen. Esto va más allá inclusive de algunos parámetros socio-culturales, es decir se encuentra en todas las clases sociales este deseo de la mujer por ser bella. Apuesta primero en su físico. Esto ha llevado a que la cirugía estética sea una empresa creciente en este país, incluso lanzando a la fama a algunos cirujanos plásticos. Sea la que sea su cepa social, es una consumidora compulsiva, a tal punto que la venezolana se ha vuelto famosa fuera de las fronteras del país por ser una cliente “especial”, sobre todo en
lo que concierne ropa de vestir y productos de belleza.¿Su relación con el hombre? Basta que se reúnan más de 2 mujeres en cualquier lugar para que de alguna manera se cuele el tema, que sorprende por la repetición y la angustia que genera, de que “¡No hay hombres!” o como se suele oír: “ellos son como los teléfonos públicos: los que sirven ya están ocupados y los que están desocupados es porque no sirven”.
Aquí es donde regresamos a los valores antiguos y al doble discurso. Algunos dicen que este exceso de coquetería sigue los mismos viejos objetivos: “Uno de los caminos rápidos a la estabilidad económica, al menos para las mujeres, es la antigua tradición del matrimonio, y si hay dinero, mejor. Para asegurarse de obtener sus objetivos, las mujeres venezolanas se esfuerzan para ser tan físicamente atractivas como sea posible.“
Si, ciertamente, la mujer venezolana, detrás de su discurso agresivo y muchas veces vulgar cuando se refiere al otro sexo, gusta “pescar” el hombre y llevarlo hasta el altar. Las novelas televisivas están repletas de estos clichés. No hay una miss, ex-miss, abuela de miss, cantante, actriz, animadora que se case sin que, al igual de las cadenas presidenciales, esté retransmitido sin interrupción todo el evento desde el despertar de la novia en la mañana de la boda hasta finalizar en el cuarto nupcial o el avión que llevará los recién casados a una isla paradisíaca…
De igual manera, la maternidad es un hecho esencial para sentirse una mujer “completa”. El procrear sigue fundamental con carácter de obligación, eso es válido para ambos sexos: el hombre que no tiene hijos teme (y tiene razones porque siempre habrá un cuestionamiento, una burla, una risita) que su entorno cuestione su virilidad. Así como la mujer que no ha parido no ha cumplido su función, su rol. Además de que, frente a una tradición católica con un anclaje tan profundo, el nacimiento del niño lava el pecado del acto sexual consumado. La mujer independiente y sin hijo queda, tras velo, una pecadora.
Para concluir, diría que el camino hecho es largo pero aun queda por hacer. Le recomendaría a esta mujer admirable de cuidar sus próximos pasos y que se guarde bien de caer en los excesos tan reclamados a sus propios machos.
Martine





















5 comentarios:
Es el reflejo de la mayoría de las mujeres argentinas. Me gusta como escribís y como manejás tus argumentos.
En tu entrada sobre Chaves, me pinchaste el globo, me dejaste sin palabras y con el gusto amargo de haber tragado una gran verdad.
¡Ves!, ya pisando la gloria, me olvidaba lo esencial. Que la mujer argentina tenga similitudes con la venezolana, sin lugar a duda. Los nombres de nuestros héroes serán distintos, pero las vicisitudes de la sociedad en los siglos anteriores fueron las mismas en sus líneas generales en toda Sur América. A pesar de eso, yo imaginaba el núcleo familiar argentino más tradicional: padre-madre-hijos…
Aparenta ser así, pero hay mucha hipocrecía. Y sí, tuvimos la misma cuna. Dicen que los hijos son el reflejo de los padres, y no me cabe ninguna duda.
Eli, primero debo disculparme por el comentario de ayer que parece empezar como un exabrupto. En realidad te había escrito (y creí haberlas enviadas también) unas líneas previas.
Tú eres la segunda persona a quien le gusta como escribo. Muy sinceramente te agradezco la alabanza que me hace sonrojar. Pero “no escribo”, Eli, a lo mejor expreso lo que siento. Más nada. Hijos reflejos de los padres, seguramente cuando las expectativas de los padres son imprecisas. Gracias otra vez
Por eso me gusta como escribís. Porque lo hacés de una forma clara y sencilla, y tus sentimientos quedan muy bien expresados, sin agredir. Ésto a mí me cuesta mucho.
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