SEMBLANZA Y BREVES APUNTES SOBRE SILVESTRE REVUELTAS, EL GRAN MUSICO MEXICANO. UN ENORME TALENTO SESGADO PREMATURAMENTE
Por Ernesto Nosthas
Por Ernesto Nosthas
I
Quien vio la clásica película mexicana ¡Vámonos con Pancho Villa! (México, 1935), rec
ordará que en una escena breve, pero de corte humorístico, un hombre aparece en un bar típico de los poblados mexicanos de principios del Siglo XX, disponiéndose a tocar el piano a los comensales, no sin antes colocar un cartel sobre el piano que decía: "Se suplica no dispararle al pianista".
Esa fugaz aparición en dicha película, es un testimonio divertido de un gran compositor mexicano, quien también compuso la banda sonora de la película antes citada. Me refiero a Silvestre Revueltas. Un notable artista que siempre me ha dejado la impresión, que más allá de sus breves 40 años de vida, podía haber dado un abanico de grandes composiciones de haber vivido más.
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Todos tenemos en la mente la figura trágica del artista pobre e ignorado por sus contemporáneos, que a la vuelta de los años, adquiere la fama que nunca disfruto en vida. El caso más terrible que viene a mi memoria es el del compositor ruso Kalinnikov, muerto antes de llegar a los 40 años, de pobreza, hambre y tuberculosis y cuyo éxito póstumo brindó bienestar y riqueza a su familia.
ordará que en una escena breve, pero de corte humorístico, un hombre aparece en un bar típico de los poblados mexicanos de principios del Siglo XX, disponiéndose a tocar el piano a los comensales, no sin antes colocar un cartel sobre el piano que decía: "Se suplica no dispararle al pianista".Esa fugaz aparición en dicha película, es un testimonio divertido de un gran compositor mexicano, quien también compuso la banda sonora de la película antes citada. Me refiero a Silvestre Revueltas. Un notable artista que siempre me ha dejado la impresión, que más allá de sus breves 40 años de vida, podía haber dado un abanico de grandes composiciones de haber vivido más.
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Todos tenemos en la mente la figura trágica del artista pobre e ignorado por sus contemporáneos, que a la vuelta de los años, adquiere la fama que nunca disfruto en vida. El caso más terrible que viene a mi memoria es el del compositor ruso Kalinnikov, muerto antes de llegar a los 40 años, de pobreza, hambre y tuberculosis y cuyo éxito póstumo brindó bienestar y riqueza a su familia.
Y en tal sentido, asimismo, recordaba en mi ensayo anterior la enorme importancia que tuvo para Bruckner los actos de agradecimiento cuando estrenó su Séptima Sinfonía. La lista de talentos truncados por la pobreza o el desorden personal es larga. A la cabeza, Mozart y sus 626 obras compuestas en solo 36 años de vida, Schubert y su trágica muerte a los 31 años, y que no decir de Mahler, muerto a los 50 años de un mal que unos años después se le descubrió la cura. A esa lista, hay que agregar casos curiosos, como el suicidio de Dukas con su intento de incinerar toda su obra, la locura de Robert Schumann promediando sus cincuenta años, el tragicómico accidente de Chausson, que le cortó la vida en 1899, a la mitad de su vida creativa, Arriaga muerto a ¡los 20 años! o el absurdo accidente sufrido por Ravel, entre muchos otros casos.
II
El último día de 1899, en el pueblito de Santiago Papasquiaro, Durango, venía al mundo Silvestre Revueltas, un artista que vivió una acelerada vida, la cual parece ser la marca de fábrica de los míticos héroes de la nata romántica. Su infancia fue signada por la pobreza y la constancia de vivir de pueblo en pueblo en búsqueda de una humilde subsistencia.
Este estilo de vida marcó la vida de un hombre noble y desordenado en su derrotero, cuyo poco interés material lo llevó a prescindir de lo superfluo e involucrarse con énfasis en la lucha política y social de su país. En medio de sus penurias, tuvo el interés y la constancia de estudiar música desde los ocho años, teniendo el potencial para que se le admitiese en una beca parcial en el Conservatorio de México justo antes de cumplir los quince años. Su perseverancia y empeño le hizo ganar sucesivas becas para estudiar en Estados Unidos, primero en Austin, Texas en el St. Edward College y luego en el prestigioso Chicago Musical College (en donde algunos de sus profesores fueron el compositor, director y catedrático Félix Borowski y los violinistas Otakar Ševcík y Paúl Kochánski).
Graciela Paraskevaídis escribe al respecto “De humilde origen, Silvestre -con ese humor y esa ternura que contrapondrá a su arrolladora personalidad, también en lo musical-, da cuenta en sus Apuntes autobiográficos de sus primeros amores: “EI cielo, el agua y las montañas. Después vino la música. (...) Más tarde, la música por dentro. "El primer contacto musical consciente, a los tres años, "fue una orquestita de pueblo, que tocaba la serenata en la plaza". Y luego, el solfeo: "Recuerdo dolorosamente el solfeo. A veces las desafinaciones me costaron coscorrones poco musicales. Mis lágrimas cayeron sobre el Eslava. Leí libros de viaje con lágrimas y do-mi-do-sol."
Ya de regreso en México, a partir de 1928 fue invitado por Carlos Chávez a ser el Conductor Asistente de la recientemente creada Orquesta Sinfónica Nacional de México. Este trabajo lo conservó durante seis temporadas y consolido su capacidad como compositor de obras sinfónicas y para la industria fílmica mexicana. De ese periodo, así como de la última etapa de su vida, provienen la mayor parte de sus obras mas conocidas.
Mis encuentros con la música de Revueltas empezaron temprano en mi vida. Recuerdo que hace muchos años, mi abuelo me pedía que le limpiara y organizara su colección de música, y en esos momentos, al trabajar su catálogo de obras grabadas por Leonard Bernstein, me encontré un Long Play titulado Fiesta Americana, donde Lenny grabó obras de música latinoamericana del Siglo XX (el repertorio incluía Copland, Villa-Lobos, Camargo Guarnieri, Chávez, Revueltas y Fernández). Contaba con doce años en ese momento y maravillado puse el disco y al acto inmediato quedé impresionado con la Segunda Sinfonía de Carlos Chávez (titulada Sinfonía India) y con el Sensemayá de Revueltas.
Muchos años y libras más tarde, ya adulto, recuerdo un viaje a la ciudad de México y una inolvidable invitación de un amigo a degustar de una serie de conciertos en el imponente Teatro de Bellas Artes. Una tarde de noviembre el programa se concentró en la dupla Chávez – Revueltas, alternando, la Sinfonía India con una Suite del Ballet Los Cuatro Soles de Chávez, con Sensemayá, el Homenaje a García Lorca y finalizando con la Suite de la Música para la Película La Noche de los Mayas de Chano Urueta (basada en la novela de Antonio Mediz Bollo). Las obras quedaron marcadas en mi mente, especialmente gracias a que mi amigo me brindó meses mas tarde un cassette con la grabación en audio de inolvidable esa velada.
Así como reflexiona nuestro amigo elcuervolopez sobre la ausencia de oferta de grabaciones con la música de grandes clásicos rusos (en especial por su ardoroso clamor por el Espartacus de Khachaturian y el Raymonda de Glazunov), igual apelo yo a reclamar al mundo discográfico la ausencia de grabaciones de clásicos latinoamericanos. Solo luego de incursionar con paciencia en las librerías de México, he logrado obtener algunos ejemplares, como el que comparto en esta oportunidad, aprovechando el espacio brindado en este Blog.
Antes de comentar sobre dos obras en particular del repertorio que compartiré con vosotros, unas líneas a los últimos días de Silvestre Revueltas. Luego de terminar su época “feliz” como asistente de Chávez con la Sinfónica Nacional de México, Revueltas viajó a España presidiendo la delegación mexicana de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), de la que era secretario general y se vinculó a los republicanos como parte de las Brigadas Internacionales que defendieron la Segunda República contra la insurrección promovida por Franco durante la Guerra Civil Española.
Luego de la victoria franquista, regresó a México para dedicarse a la docencia y a trabajar proyectos musicales, entre ellos, la música de las películas El Indio, La Bestia Negra, El Signo de la Muerte, Ferrocarriles de Baja California (dirigida en concierto por Revueltas bajo el nombre “Música para charlar”, y luego editada en forma de suite sinfónica por E. Kleiber, como «Paisajes») y finalmente el encargo de Urueta para la película La Noche de los Mayas. Estas actividades no le proporcionaron suficiente dinero para mantenerse, lo cual lo arrastra a la pobreza y a un recurrente alcoholismo. Muere en absoluto abandono el 5 de octubre de 1940, con la ironía que ese mismo día se estrenó con gran éxito su ballet infantil El renacuajo paseador, compuesto siete años antes.
Es enterrado en un cementerio humilde en la periferia de la ciudad de México, solo para que 36 años después sea exhumado y trasladados sus restos en una pomposa ceremonia a la Rotonda de los Hombres Ilustres en la Ciudad de México.
Su música es muy variada, con un lenguaje tonal en la mayoría de los casos, sin embargo, hace un ingenioso uso a recursos multitonales, disonancias alternadas con frecuentes referencias a la música etnográfica mexicana y manifiesta una notable vitalidad y frescura en su orquestación.
Su obra más conocida y grabada (gracias a Leonard Bernstein y recientemente a Esa-Pekka Salonen) es su poema sinfónico Sensemayá: Canto para matar a una culebra, escrito en 1938 y originalmente para orquesta de cámara y luego orquestado masivamente en 1939. Esta obra de enorme complejidad politonal esta basada en un poema del mismo nombre escrito por el poeta Nicolás Guillén. Musicalmente relata el encanto del sacrificio de la serpiente por algunas tradiciones mulatas.
Graciela Paraskevaídis escribe al respecto “De humilde origen, Silvestre -con ese humor y esa ternura que contrapondrá a su arrolladora personalidad, también en lo musical-, da cuenta en sus Apuntes autobiográficos de sus primeros amores: “EI cielo, el agua y las montañas. Después vino la música. (...) Más tarde, la música por dentro. "El primer contacto musical consciente, a los tres años, "fue una orquestita de pueblo, que tocaba la serenata en la plaza". Y luego, el solfeo: "Recuerdo dolorosamente el solfeo. A veces las desafinaciones me costaron coscorrones poco musicales. Mis lágrimas cayeron sobre el Eslava. Leí libros de viaje con lágrimas y do-mi-do-sol."
Ya de regreso en México, a partir de 1928 fue invitado por Carlos Chávez a ser el Conductor Asistente de la recientemente creada Orquesta Sinfónica Nacional de México. Este trabajo lo conservó durante seis temporadas y consolido su capacidad como compositor de obras sinfónicas y para la industria fílmica mexicana. De ese periodo, así como de la última etapa de su vida, provienen la mayor parte de sus obras mas conocidas.
Mis encuentros con la música de Revueltas empezaron temprano en mi vida. Recuerdo que hace muchos años, mi abuelo me pedía que le limpiara y organizara su colección de música, y en esos momentos, al trabajar su catálogo de obras grabadas por Leonard Bernstein, me encontré un Long Play titulado Fiesta Americana, donde Lenny grabó obras de música latinoamericana del Siglo XX (el repertorio incluía Copland, Villa-Lobos, Camargo Guarnieri, Chávez, Revueltas y Fernández). Contaba con doce años en ese momento y maravillado puse el disco y al acto inmediato quedé impresionado con la Segunda Sinfonía de Carlos Chávez (titulada Sinfonía India) y con el Sensemayá de Revueltas.
Muchos años y libras más tarde, ya adulto, recuerdo un viaje a la ciudad de México y una inolvidable invitación de un amigo a degustar de una serie de conciertos en el imponente Teatro de Bellas Artes. Una tarde de noviembre el programa se concentró en la dupla Chávez – Revueltas, alternando, la Sinfonía India con una Suite del Ballet Los Cuatro Soles de Chávez, con Sensemayá, el Homenaje a García Lorca y finalizando con la Suite de la Música para la Película La Noche de los Mayas de Chano Urueta (basada en la novela de Antonio Mediz Bollo). Las obras quedaron marcadas en mi mente, especialmente gracias a que mi amigo me brindó meses mas tarde un cassette con la grabación en audio de inolvidable esa velada.
Así como reflexiona nuestro amigo elcuervolopez sobre la ausencia de oferta de grabaciones con la música de grandes clásicos rusos (en especial por su ardoroso clamor por el Espartacus de Khachaturian y el Raymonda de Glazunov), igual apelo yo a reclamar al mundo discográfico la ausencia de grabaciones de clásicos latinoamericanos. Solo luego de incursionar con paciencia en las librerías de México, he logrado obtener algunos ejemplares, como el que comparto en esta oportunidad, aprovechando el espacio brindado en este Blog.
Antes de comentar sobre dos obras en particular del repertorio que compartiré con vosotros, unas líneas a los últimos días de Silvestre Revueltas. Luego de terminar su época “feliz” como asistente de Chávez con la Sinfónica Nacional de México, Revueltas viajó a España presidiendo la delegación mexicana de la Liga de Escritores y Artistas Revolucionarios (LEAR), de la que era secretario general y se vinculó a los republicanos como parte de las Brigadas Internacionales que defendieron la Segunda República contra la insurrección promovida por Franco durante la Guerra Civil Española.
Luego de la victoria franquista, regresó a México para dedicarse a la docencia y a trabajar proyectos musicales, entre ellos, la música de las películas El Indio, La Bestia Negra, El Signo de la Muerte, Ferrocarriles de Baja California (dirigida en concierto por Revueltas bajo el nombre “Música para charlar”, y luego editada en forma de suite sinfónica por E. Kleiber, como «Paisajes») y finalmente el encargo de Urueta para la película La Noche de los Mayas. Estas actividades no le proporcionaron suficiente dinero para mantenerse, lo cual lo arrastra a la pobreza y a un recurrente alcoholismo. Muere en absoluto abandono el 5 de octubre de 1940, con la ironía que ese mismo día se estrenó con gran éxito su ballet infantil El renacuajo paseador, compuesto siete años antes.
Es enterrado en un cementerio humilde en la periferia de la ciudad de México, solo para que 36 años después sea exhumado y trasladados sus restos en una pomposa ceremonia a la Rotonda de los Hombres Ilustres en la Ciudad de México.
Su música es muy variada, con un lenguaje tonal en la mayoría de los casos, sin embargo, hace un ingenioso uso a recursos multitonales, disonancias alternadas con frecuentes referencias a la música etnográfica mexicana y manifiesta una notable vitalidad y frescura en su orquestación.
Su obra más conocida y grabada (gracias a Leonard Bernstein y recientemente a Esa-Pekka Salonen) es su poema sinfónico Sensemayá: Canto para matar a una culebra, escrito en 1938 y originalmente para orquesta de cámara y luego orquestado masivamente en 1939. Esta obra de enorme complejidad politonal esta basada en un poema del mismo nombre escrito por el poeta Nicolás Guillén. Musicalmente relata el encanto del sacrificio de la serpiente por algunas tradiciones mulatas.
Sensemaya de Nicolás Guillén
i Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
La culebra tiene los ojos de vidrio;
la culebra viene y se enreda en un palo;
con sus ojos de vidrio, en un palo,
con sus ojos de vidrio,
La culebra camina sin patas;
la culebra se esconde en la yerba;
caminando se esconde en la yerba,
caminando sin patas.
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Tu le das con el hacha y se muere:
¡Dale ya!
¡No le des con el pie, que te muerde,
no le des con el pie, que se va!
Sensemayá, la culebra
sensemayá.
Sensemayá, con sus ojos,
sensemayá.
Sensemayá, con su lengua,
sensemayá.
Sensemayá, con su boca,
sensemayá ...
La culebra muerta no puede comer;
la culebra muerta no puede silbar;
no puede caminar
¡no puede correr!
La culebra muerta no puede mirar;
la culebra muerta no puede beber;
no puede respirar,
¡no puede morder!
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá, la culebra ...
¡Mayombe-bombe-mayombé!
Sensemayá no se mueve ...
¡Mayombe-bombe-mayombé!
¡Sensemayá, se murió!
Esta obra maestra, junto con el Homenaje a García Lorca, son las únicas obras en las que su génesis no esta vinculada con un tema mexicano. La versión definitiva de 1939 exige una orquesta de proporciones notables, según el recuento de Graciela Paraskevaídis: dos piccolos, dos flautas, dos oboes, un corno inglés, un clarinete en mi bemol, dos clarinetes en si bemol, un clarinete bajo, cuatro fagotes, cuatro cornos en fa cuatro trompetas en do, tres trombones, una tuba, timbales, xilófono, claves, raspador, calabaza, pequeño tambor indígena, bombo, un par de tom-toms (agudo y grave), platillo suspendido, tam-tam, gong (con dos alturas diferenciadas), glockenspiel, celesta, piano, violines (primeros y segundos), violas, chelos y contrabajos.
Su estructura yuxtapone motivos temáticos diversos, siguiendo los acentos y exclamaciones del poema. El manuscrito original de la obra (en su versión preliminar) tenía acotaciones de texto en partes clave de la partitura, que se ligaban a frases en el poema. Al respecto nos referencia sobre la estructura de la obra como que “está articulada en un discurso "no discursivo" y organizado en torno a una yuxtaposición de bloques (segmentos de diferente longitud, densidad, dinámica y timbre), que evitan toda posibilidad de repetición textual de ellos mismos, en virtud de ese permanente juego de aumento y disminución de la densidad y dinámica de sus franjas tímbricas, rítmicas y melódicas”.
Al final de sus días, compuso música para la película “La Noche de los Mayas”, la cual es un relato de una inmersión de un hombre blanco en medio de una tribu de la selva yucateca que aún conserva sus ritos ancestrales. La obra cinematográfica no es particularmente destacable, sin embargo, la música compuesta por Revueltas es un auténtico tesoro para el arte mexicano.
La obra, veinte años después de la muerte de Revueltas, fue objeto de estudio y edición por parte del Director de Orquesta Mexicano José Yves Limantour, quien la reformuló como una Suite Sinfónica en cuatro partes, estrenándola con la Orquesta Sinfónica de Guadalajara el 30 de enero de 1961. Posteriormente, el Conductor Mexicano Enrique Arturo Diemecke hizo algunas revisiones al último movimiento con la autorización de la familia Revueltas. La obra en su contexto general esta estructurada alrededor de la mitología y filosofía de los mayas, una de las civilizaciones más avanzadas de la América prehispana.
La obra inicia con un movimiento misterioso y lírico titulado LA NOCHE DE LOS MAYAS, en la cual se ambienta la identidad maya en medio de volcanes y pirámides. El segundo movimiento LA NOCHE DE LAS JARANAS es un scherzo de gran movilidad orquestal, con un ritmo frenético que se identifica con danzas autóctonas mexicanas como el huapango, el jarabe y el son. El tercer movimiento LA NOCHE DE YUCATAN, tiene la estructura de un nocturno sinfónico con un delicado tratamiento en dos diálogos de los viento madera y las tubas, combinado con un solo de flauta que es acompañado por percusión inspirado en una melodía maya que aún se canta en la Península de Yucatán. El último movimiento LA NOCHE DEL ENCANTAMIENTO, de gran factura orquestal, se estructura sobre la base de un tema principal y sucesivas variaciones, las cuales se reparten entre distintas capas de sonidos orquestales, teniendo como constante un fuerte trabajo en las percusiones, las cuales toman el control de las fuerzas orquestales hacia un frenético final en forma de una salvaje celebración, que nos hace recordar el final de La Consagración de la Primavera de Stravinsky.
Silvestre Revueltas es un músico que merece ser reivindicado.
Ahora.
Obras de Revueltas AQUI
Ernesto Nosthas





















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