lunes, julio 14, 2008

LA POLLERA GRIEGA, POR ELCUERVOLOPEZ. PROSA POETICA

Yo estaba en otro mundo, lejos de cualquier otro punto de referencia que se te pueda ocurrir, amable lector. Me rodeaba un espacio familiar: cortinas rojas, un escritorio, un fondo que hacía las veces de oficina y frente a mis ojos, la pantalla de un monitor que abúlicamente me mostraba plantillas semejantes a galimatías chinos. Mi burbuja íbase alejando más y más y la boya que amarré en la localidad que signa el límite de mi cordura apenas despedía una luminiscencia que revelaba cuan lejos yo me hallaba. Sin rumbo, sin marcas, sin destino y sin esperanzas.
Y de improviso, aunque decirlo no hace falta, la puerta de aquel fondo, cada vez más oscuro, que las veces de oficina hacía, fue abierta y apareció una mujer que sin conocerla ni haberla visto nunca, sabía perfectamente quien era.
Aquélla aparición maravillosa y quizás éste énfasis te parezca posiblemente algo místico, estimado lector, me provocó una inusual introspección; pero si tú la hubieras visto seguramente habrías creado un culto alrededor de ella y te habrías arrogado el total derecho de ser todo en uno: sumo sacerdote y adorador.
Yo estaba tieso, expectante y mis ojos, en ayunas desde tiempos innombrables, volvían a la vida devorando cada detalle de la primorosa presencia que a su vez me miraba, parecíame, con un dejo de compasión.
Pensé con un atisbo de lucidez, mientras la Dama lentamente a mí se acercaba, "¿será la muerte que finalmente me encontraba? Al fin de cuentas la Muerte es mujer y se dice que enamorada y despechada siempre iba en busca de lo que más deseaba".
Pero descarté tal dislate: la mujer no llevaba vestimenta negra ni guadaña, y su tez no era blanca pálida.
La mujer era alta, esbelta, de caminar recto, delgada. Su rostro, bellísimo, conformaba una boca pequeña de labios carnosos de ardiente grana. Su nariz a tono con sus labios, también era deliciosamente pequeña culminando en una redondez meridiana. Un mentón firme que determinaba carácter y poca paciencia y hasta quizás una pose caprichosa. Los ojos, de un marrón intenso, movíanse de extremo a extremo, con inquietud y a la vez con censura. Su frente, generosa, revelaba una inteligencia extraordinaria y sus cabellos, oscuros, caían en densa y lacia cascada. Un cuello de cisne remataba esta descripción con sus mejillas apenas sonrosadas. Y muy coqueta.
No ví más, pues su rostro atrapaba toda mi atención desprejuiciada.
La esplendorosa mujer llegó hasta mí y se sentó a mi lado, yo me dí la vuelta y quedamos frente a frente.
Hizo unos mohínes que me resultaron exquisitos y mientras fruncía un poquitín el ceño, cruzó sus piernas: la izquierda sobre la derecha. Fue inevitable para mí, mirar sus piernas: largas, finas, apenas torneadas.
Ella percibió mi mirada y dijo con tono de halagada:
-Es mi pollera griega, ¿te gusta? La compré en un viaje que hice a Grecia hace cinco años. -Y al decirlo, sus manos tomaron los bordes y con suma gracia femenina, los encogió por encima de sus rodillas, dejando a la luz un sutil corte que alentaba mi deseo.
Pero algo urgente necesitaba una directa explicación.
-¡Hablas! ¿Quién eres tú que entras así porque sí en mi espacio privado?
La mujer se echó atrás, sorprendida, mientras yo miraba su pollera griega y dijo:
-Deja de bromear. Soy tu novia, tu futura esposa; te vengo a buscar, ¡hoy nos casamos!
Al momento, sentí un ahogo que acusaba con insistencia cerrar mi existencia. Desvié mi ojos de ella y busqué el reflejo de la boya y concentré todo mi ser en ella, mientras lloraba porque... yo la amaba. Nací para amarla y adorarla.
La luz se hizo más fuerte y al darme la vuelta, ella ya no estaba a mi lado, pero en su lugar, en la silla, estaba perfectamente doblada, la pollera griega de una mujer de quien en mi realidad rehuía, pero en mis sueños buscaba.

elcuervolopez

4 comentarios:

Marina dijo...

Pues como sigas huyendo...
Vas a tener que hacer un casting de candidatas para que encajen en esta descripción. : )

yo no soy esa que tú te creías dijo...

¡anda qué!... y yo todo el fin de semana buscando la dichosa pollera de las islas de Esopo y resulta que me la dejé olvidada en la silla...

elcuervolopez dijo...

Angela: Qui u ta' loca, nena. Aver se se me viene el morocho de tu cariño. Jo!

yo no soy esa que tú te creías dijo...

Tu tranqui, que mi morocho le tiene respeto al avión y el barco tampoco es santo de su devoción. Si vivieras en Segovia ya no te aseguraría nada.

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