LA ULTIMA GRABACION DISCOGRAFICA DE HERBERT VON KARAJAN
LA SEPTIMA DE BRUCKNER
Por Ernesto Nosthas
Parafraseando aquélla clásica pregunta que decía "¿Qué hacía tú cuando apagaron la luz?", podría preguntarse ¿Qué estabas haciendo tú el domingo 23 de abril de 1989 cuando en un concierto matutino, el maestro Herbert von Karajan dirigió su último concierto en vida?
Aquel día, la canción "The Day the Music Died" cobraba aguda realidad cuando, el Viena Musikverein Herbert von Karajan dirigió el último concierto de su larga vida como director de orquesta, con la Filarmónica de Viena en un concierto muy especial y con una obra monumental: la Séptima de Bruckner. Cuentan los que allí fueron presentes que, contrario a su tradición, en esa fecha no salió hacia sus camerinos después del
aplauso inicial, sino que por el contrario se dirigió al público a abrazar a su gran amigo y consejero Uli Markle y a su inseparable Eliette.
Una semana antes, fiel a su costumbre de usar las sesiones de grabación como un preludio y un espacio de ensayo para sus conciertos, Karajan grabó la misma obra -la Sinfonía Nº 7 de Bruckner- con la Filarmónica de Viena. Fue su última grabación de un catálogo enorme de miles de registros discográficos que lo habían convertido desde hacía mucho tiempo en el Director de Orquesta con mayor número de grabaciones en la historia de la música.
Aquel domingo, apenas unas semanas atrás, había cumplido 81 años y se encontraba en medio de una acre batalla legal y personal respecto del contrato que lo signaba como Director Vitalicio de la Filarmónica de Berlín, que en mucho había colaborado para el deterioro progresivo de su salud. El “niño dominguero”, como le había bautizado su madre Martha, había dirigido por última vez a los Berlineses el último día del año 1988, y no regresó a dirigir a Berlín desde esa fecha.
El citado concierto marco el final de una relación que se inicio en agosto de 1934 (el programa en ese primer concierto vienés, incluyó obras de Debussy y Ravel), durante 55 años, y pese a su relación con la Filarmónica de Berlín, Karajan incluía con regular frecuencia conciertos y grabaciones con los vieneses.
Acerca de ésta interpretación de la 7ma. de Bruckner, en lo personal la encuentro fascinante, quizá no tan incisiva como la que grabó con la Filarmónica de Berlín para el sello EMI en 1970 o la que después registró para la DG siete años más tarde. Considero ésta última grabación, como la mejor de las tres, por el notable ejercicio de balancear la interpretación con elementos puros de la música en sí misma, sin recurrir a extremos en el tempi como lo hizo Celibidache o el ascetismo casi seco con la que es abordada por Boulez. Y aquí me detengo, pues es mi franco deseo que el lector y escucha tenga la soberana oportunidad de hacer sus propias valoraciones o juicios de valor.
Aquel día, la canción "The Day the Music Died" cobraba aguda realidad cuando, el Viena Musikverein Herbert von Karajan dirigió el último concierto de su larga vida como director de orquesta, con la Filarmónica de Viena en un concierto muy especial y con una obra monumental: la Séptima de Bruckner. Cuentan los que allí fueron presentes que, contrario a su tradición, en esa fecha no salió hacia sus camerinos después del
aplauso inicial, sino que por el contrario se dirigió al público a abrazar a su gran amigo y consejero Uli Markle y a su inseparable Eliette.Una semana antes, fiel a su costumbre de usar las sesiones de grabación como un preludio y un espacio de ensayo para sus conciertos, Karajan grabó la misma obra -la Sinfonía Nº 7 de Bruckner- con la Filarmónica de Viena. Fue su última grabación de un catálogo enorme de miles de registros discográficos que lo habían convertido desde hacía mucho tiempo en el Director de Orquesta con mayor número de grabaciones en la historia de la música.
Aquel domingo, apenas unas semanas atrás, había cumplido 81 años y se encontraba en medio de una acre batalla legal y personal respecto del contrato que lo signaba como Director Vitalicio de la Filarmónica de Berlín, que en mucho había colaborado para el deterioro progresivo de su salud. El “niño dominguero”, como le había bautizado su madre Martha, había dirigido por última vez a los Berlineses el último día del año 1988, y no regresó a dirigir a Berlín desde esa fecha.
El citado concierto marco el final de una relación que se inicio en agosto de 1934 (el programa en ese primer concierto vienés, incluyó obras de Debussy y Ravel), durante 55 años, y pese a su relación con la Filarmónica de Berlín, Karajan incluía con regular frecuencia conciertos y grabaciones con los vieneses.
Acerca de ésta interpretación de la 7ma. de Bruckner, en lo personal la encuentro fascinante, quizá no tan incisiva como la que grabó con la Filarmónica de Berlín para el sello EMI en 1970 o la que después registró para la DG siete años más tarde. Considero ésta última grabación, como la mejor de las tres, por el notable ejercicio de balancear la interpretación con elementos puros de la música en sí misma, sin recurrir a extremos en el tempi como lo hizo Celibidache o el ascetismo casi seco con la que es abordada por Boulez. Y aquí me detengo, pues es mi franco deseo que el lector y escucha tenga la soberana oportunidad de hacer sus propias valoraciones o juicios de valor.
En este 2008 celebraremos, el próximo 8 de abril, el primer centenario del natalicio de Karajan, uno de los conductores orquestales que más ha influido en el escenario de la música clásica en el siglo XX, una personalidad amada y odiada con igual intensidad. Yo, en lo personal, me encuentro entre sus máximos admiradores y he cultivado a través de los años una larga discografía de su música e interpretaciones. Ha sido excelso en casi todas las interpretaciones de las obras de los compositores que ha abordado, sus lecturas de Haydn, Mozart, Beethoven, Brahms, Bruckner, Mendelssohn, Schubert se encuentran por mucho entre lo mejor que se ha producido. Su inclusión en repertorios más modernos fue un poco tímida y generalmente desfasada en el tiempo respecto a las fechas de los primeros conciertos de presentación de obras de Blacher, Sibelius, Walton, Bartok o Shostakovich; sin embargo, también logró lecturas sublimes en muchísimas obras modernas. La gran mayoría de los críticos comentan que lo mejor de Karajan se grabó entre 1960 y 1970, por ejemplo, las Sinfonías de Beethoven grabadas con DG en 1963 han siempre recibido la denominación de ser las mejores de los cinco ciclos grabados por Karajan, incluso por encima de las que ya en la era digital grabo, siempre para DG, en 1984.
Unas líneas finales para la Séptima de Bruckner.
Esta sinfonía es, junto con la Cuarta, las dos más populares obras de Bruckner, ello sin embargo desmerece un poco el reconocer la espectacular Octava (cuya grabación en video y audio la hizo Karajan aprovechando su último concierto en Estados Unidos, en noviembre de 1988 con espectaculares resultados) y sobre todo su sublime Novena Inconclusa, de Bruckner (tres movimientos de los proyectados cuatro fueron completados antes de la muerte de Anton).
La Sinfonía produjo en su première, dirigida por Artur Nikisch, considerable aclamación hacia Bruckner, que incluyó una cena oficial de gala en su nombre después de la première en Viena (primero se presentó en Liepzig el 30 de noviembre de 1884). Destacar esta circunstancia podría parecer anodino, sin embargo, considerando la guerra sin cuartel que los críticos vieneses, Hanslick y Wolf, tenían para con Bruckner, la espectacular recepción del publico vienés significó para este tímido y sencillo hombre, el primer acto de justicia hacia su talento y logros, como nunca antes había recibido. Contaba Mahler (presente durante la première vienesa) que la ovación duró más de veinte minutos y llevó hasta las lágrimas a un compositor que hasta entonces sólo había recibido agravios y desdenes (es famosa la anécdota de que hasta los músicos de la orquesta, abandonaron la première de la Tercera sinfonía antes que finalizara, en medio de un abucheo orquestado por Hanslick y Wolf).
La obra es de excepcional belleza, y su Adagio es mi opinión de una fuerza melódica increíble y posee varias historias alrededor de su creación, destacando el hecho que, consciente de que la partida de su gran mentor y amigo Wagner estaba cerca, compuso toda su estructura como un tributo a su próxima muerte y que el clímax que se alcanza con golpe de platillos es el momento preciso cuando se le comunicó la muerte de Wagner a Bruckner.
Unas líneas finales para la Séptima de Bruckner.
Esta sinfonía es, junto con la Cuarta, las dos más populares obras de Bruckner, ello sin embargo desmerece un poco el reconocer la espectacular Octava (cuya grabación en video y audio la hizo Karajan aprovechando su último concierto en Estados Unidos, en noviembre de 1988 con espectaculares resultados) y sobre todo su sublime Novena Inconclusa, de Bruckner (tres movimientos de los proyectados cuatro fueron completados antes de la muerte de Anton).
La Sinfonía produjo en su première, dirigida por Artur Nikisch, considerable aclamación hacia Bruckner, que incluyó una cena oficial de gala en su nombre después de la première en Viena (primero se presentó en Liepzig el 30 de noviembre de 1884). Destacar esta circunstancia podría parecer anodino, sin embargo, considerando la guerra sin cuartel que los críticos vieneses, Hanslick y Wolf, tenían para con Bruckner, la espectacular recepción del publico vienés significó para este tímido y sencillo hombre, el primer acto de justicia hacia su talento y logros, como nunca antes había recibido. Contaba Mahler (presente durante la première vienesa) que la ovación duró más de veinte minutos y llevó hasta las lágrimas a un compositor que hasta entonces sólo había recibido agravios y desdenes (es famosa la anécdota de que hasta los músicos de la orquesta, abandonaron la première de la Tercera sinfonía antes que finalizara, en medio de un abucheo orquestado por Hanslick y Wolf).
La obra es de excepcional belleza, y su Adagio es mi opinión de una fuerza melódica increíble y posee varias historias alrededor de su creación, destacando el hecho que, consciente de que la partida de su gran mentor y amigo Wagner estaba cerca, compuso toda su estructura como un tributo a su próxima muerte y que el clímax que se alcanza con golpe de platillos es el momento preciso cuando se le comunicó la muerte de Wagner a Bruckner.
Estimados lectores, puesto ante vuestros ojos este sencillo ensayo sobre la última grabación en vida del maestro Karajan, pasaremos al próximo post donde todos ustedes tendrán la oportunidad de su descarga y posterior escucha, para el goce de vuestros sentidos.
Ernesto Nosthas





















2 comentarios:
¡Buen post!
¿COMO SABES QUE EN LA OBRA DE Bruckner, en el climax con los platillos, significa el comunicado que recibio sobre la muerte de Richard Wagner?.
Hay algun libro en donde eso se compruebe, esta la biografia de Bruckner, su diario personal se ha publicado?
Por que ni idea.
Conociste a los descendientes y familiares de Bruckner, quienes pudieron asegurar que el les conto exactamente eso.
Realmente no parece creible.
Al menos dame una referencia, algun libro, algun testigo...algo al menos!!!.
Ahora, sobre la otra leyenda que comentas, como tantas que se dicen y sobre las que se escribe, en donde se registra la participacion de varios personajes y innumerables versiones.....no preocupa.
Lo que si preocupa es que tengas aun mayor detalle sobre los momentos intimos del compositor y de sus fuentes de inspiracion.
Como la inminente muerte de Richard wagner.
Tan solo por que puedes pensar que yo pueda creer que era fanatico de Wagner,¿crees que voy a creer eso?.
¿Tan solo por que lo dicen un par de biografias escritas con tu misma intencionalidad?
¿acaso crees que esto no se ha visto antes, y que todos los que puedan leer algo asi, pueden confiar en eso?
Seguro que si no quiero creer no creo, y seguro que yo tampoco soy confiable en nada.
Pero de lo unico que hablo es de que como minimo, no se puede exagerar de la menera en que lo haces.
Hablemos de musica.
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