La Décima de Mahler es para mí el equivalente más acabado de un canto desde el más alla hacia el amor que se queda en la otra orilla.
Siento una especial admiración y respeto por aquéllas personas que asumen la tarea de reconstruir algo que ha quedado inconcluso a la muerte de un genio. Así, he leído varios libros sobre Sussmayer y cómo terminó el Réquiem de Mozart y me resulta fascinante más allá de lo normal, el proceso que se siguio con el inconcluso concierto de viola de Bártok en el que hay dos versiones, una de Tibor Serly (un respetado musicólogo e instrumentista) y la de Peter Bártok, el hijo del compositor. Con referencia a la Décima de Mahler, creo que Deryk Cooke merece un sitial de respeto y honor entre los grandes de la música.
La primera vez que escuché la Sinfonía Nº 10, me pareció una obra casi tétrica. Sentí, y aún tengo esa idea, de que el germen de Alban Berg yacía en las complejas yuxtaposiciones temáticas de las cuerdas en el primer movimiento. No en balde recomiendo escuchar antes el Concierto para Violín, "A la memoria de un Angel" de Berg.
El último movimiento, sencillamente me erizaba los pelos. Ahora, con la lectura de las notas, vi más allá de la impresión inicial. Resulta invaluable el trabajo y la dedicación de personas como Barshai o Wheeler, pero Cooke consigue la justeza Mahleriana más acabada.
A veces tengo la impresión que los tres movimientos centrales son un poco distractores de la idea madre de la obra, un par de veces escuché el primer y ultimo movimiento juntos, y sentí una paz interior enorme. Con los movimientos intermedios, la obra en su conjunto me produce sentimientos encontrados, pero he de reconocer que en general, la obra tiene un terminado convincente y un mensaje más allá de este mundo o como dijo Liszt: "La vida es una obscura música en la que la muerte siempre tiene la primera nota".
Siento una especial admiración y respeto por aquéllas personas que asumen la tarea de reconstruir algo que ha quedado inconcluso a la muerte de un genio. Así, he leído varios libros sobre Sussmayer y cómo terminó el Réquiem de Mozart y me resulta fascinante más allá de lo normal, el proceso que se siguio con el inconcluso concierto de viola de Bártok en el que hay dos versiones, una de Tibor Serly (un respetado musicólogo e instrumentista) y la de Peter Bártok, el hijo del compositor. Con referencia a la Décima de Mahler, creo que Deryk Cooke merece un sitial de respeto y honor entre los grandes de la música.
La primera vez que escuché la Sinfonía Nº 10, me pareció una obra casi tétrica. Sentí, y aún tengo esa idea, de que el germen de Alban Berg yacía en las complejas yuxtaposiciones temáticas de las cuerdas en el primer movimiento. No en balde recomiendo escuchar antes el Concierto para Violín, "A la memoria de un Angel" de Berg.
El último movimiento, sencillamente me erizaba los pelos. Ahora, con la lectura de las notas, vi más allá de la impresión inicial. Resulta invaluable el trabajo y la dedicación de personas como Barshai o Wheeler, pero Cooke consigue la justeza Mahleriana más acabada.
A veces tengo la impresión que los tres movimientos centrales son un poco distractores de la idea madre de la obra, un par de veces escuché el primer y ultimo movimiento juntos, y sentí una paz interior enorme. Con los movimientos intermedios, la obra en su conjunto me produce sentimientos encontrados, pero he de reconocer que en general, la obra tiene un terminado convincente y un mensaje más allá de este mundo o como dijo Liszt: "La vida es una obscura música en la que la muerte siempre tiene la primera nota".
Ernesto Nosthas





















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